El acto conmemorativo por el 50° aniversario de la muerte de Perón revela un panorama político complejo. Axel Kicillof reafirmó su liderazgo al criticar corrientes liberales y conservadoras, alineándose con Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, la ausencia del Frente Renovador subrayó divisiones internas en el peronismo. La falta de una imagen conjunta entre Kicillof y Máximo Kirchner reflejó discrepancias no resueltas. El desafío futuro del peronismo radica en mantener la cohesión interna y enfrentar movimientos emergentes como el de Javier Milei, mientras gestiona una crisis persistente.
El panorama político que emerge de los eventos recientes en la provincia de Buenos Aires refleja un complejo entramado de alianzas, tensiones internas y estrategias divergentes dentro del peronismo. El acto conmemorativo por el 50° aniversario de la muerte de Juan Domingo Perón se convirtió en un escenario cargado de simbolismo y significado político, donde quedaron expuestas las dinámicas de poder entre distintos sectores. Asimismo significó un respaldo para el flamante gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, especialmente en un contexto de disputas internas que han sido expuestas públicamente por algunos intendentes. Con el apoyo de CFK y de Máximo Kirchner, la agrupación La Cámpora estuvo presente con sus figuras más destacadas en la emblemática quinta en San Vicente donde reposan los restos del expresidente que ocupó el cargo en tres ocasiones.
Desde la Gobernación bonaerense, Axel Kicillof buscó reafirmar su liderazgo y diferenciarse claramente de las corrientes políticas más liberales y conservadoras, representadas por figuras como Javier Milei. Su crítica al «» y la inauguración de obras destacaron su enfoque en políticas públicas y en la defensa del rol activo del Estado, alineándose claramente con la línea política de Cristina Fernández de Kirchner.
Sin embargo, el evento también puso de manifiesto las divisiones internas dentro del peronismo. La ausencia del Frente Renovador, justificada como una manera de no quedar atrapados en disputas internas, subrayó las tensiones existentes dentro de la coalición Unión por la Patria. Malena Galmarini, en declaraciones posteriores, enfatizó la necesidad de una conducción más clara y unificada para enfrentar los desafíos futuros, destacando la importancia de superar las divisiones internas en pos de un proyecto común.
La falta de una foto conjunta entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner al final del evento también resaltó las diferencias no resueltas entre distintas facciones peronistas. Mientras Kicillof intenta consolidar su liderazgo, otros sectores dentro del peronismo continúan buscando definir su posición y estrategia de cara a futuras elecciones.
Previo al acto, Axel Kicillof y Máximo Kirchner tuvieron una conversación telefónica. El gobernador le propuso al diputado y presidente del PJ de Buenos Aires compartir el escenario, pero el hijo de Néstor y Cristina Kirchner agradeció la oferta y optó por permanecer en primera fila, acompañado por intendentes cercanos como Mayra Mendoza (Quilmes), Julián Álvarez (Lanús) y el senador Eduardo ‘Wado’ de Pedro. Máximo no participó en la organización del evento y no se subió al escenario como ‘invitado’. Con intenciones amigables, el gobernador lo mencionó durante su discurso. Fue una paz relativa y no hubo una foto conjunta.
Sin embargo, los miembros de La Cámpora no movilizaron ni llevaron banderas, aunque sí estuvieron presentes sus doce intendentes y los ministros que habían faltado al plenario organizado semanas atrás por la mesa compuesta por el ministro de Gobierno, Carlos Bianco; los intendentes Jorge Ferraresi (Avellaneda) y Mario Secco (Ensenada); y el exlíder de La Cámpora y actual ministro de Desarrollo de la Comunidad, Andrés ‘Cuervo’ Larroque.
La conmemoración fue considerado un acto «institucional«, una excusa ideal para no rendirse pero ensayar una reconciliación o tregua interna. Los discursos no complacieron completamente y algunos se retiraron murmurando que se mencionó muy poco a Néstor y a Cristina Kirchner.
En el fondo, hay un debate entre quienes creen que se busca «jubilar» a la expresidenta y quienes esperan que ni ella ni su hijo los condicionen en los próximos ciclos electorales. En noviembre, ambos sectores se medirán en las elecciones para renovar presidente del PJ provincial y del nacional. En medio de esa tensión, el gobernador intentó mostrar federalismo, aunque pocos gobernadores del PJ sobrevivieron a las elecciones del año pasado.
Logró reunir a todas las facciones peronistas, desde Kirchner, De Pedro y Mendoza; el intendente local Nicolás Mantegazza; a Héctor Daer (CGT); el camionero Pablo Moyano; los líderes de las dos CTA, Hugo «Cachorro» Godoy y Hugo Yasky; y otros sindicalistas como Abel Furlán (UOM). Hubo representación del cristinismo puro con Martín Sabbatella y Lucas Ghi (Nuevo Encuentro); ministros como el de Salud, Nicolás Kreplak; e intendentes como Federico Otermín (Lomas de Zamora) que no habían estado en Florencio Varela.
Claramente, Kicillof quedó reivindicado, aunque los dirigentes con más trayectoria en la tribuna exigieron unidad en el distrito de mayor peso electoral. En esta provincia, Karina Milei desembarcará en los próximos días con su partido La Libertad Avanza en Morón, mientras que la vicepresidenta Victoria Villarruel ya comenzó a recorrer el Conurbano.
La crisis interna es evidente, generada por la última derrota electoral y por las diferencias en cuanto a la estrategia a seguir. Esto se reflejó en el primer discurso, el de Corpacci, quien advirtió: «Es inmoral no trabajar por la unidad». También se percibió en la gestualidad de los principales actores.
Ante la posibilidad de que cada sector culpara al otro —La Cámpora cree que algunos intendentes y Kicillof están adelantando los tiempos, mientras que el entorno del gobernador se siente constantemente amenazado—, la catamarqueña lanzó una advertencia: «Tenemos que volver a trabajar en la unidad, pero que nadie se haga el distraído».
La locutora anunció entonces la presencia de Máximo Kirchner, así como de otras figuras nacionales que son sinónimo de un constante llamado a la unidad: el sanjuanino José Luis Gioja y el excandidato a vicepresidente Agustín Rossi.
Desde el comienzo, Kicillof subrayó sus diferencias ideológicas al criticar el «experimento anarcocapitalista liberal libertario». Anunció que había inaugurado dos nuevas salas de atención primaria de salud y un centro universitario, «obras suspendidas y paralizadas por el gobierno de Milei».
Señaló que «la alternativa se llama peronismo» y convocó a trabajar «para construir el futuro». Al cerrar, citó al Papa Francisco en defensa del rol del Estado, prometió «no bajar los brazos» y saludó a Kirchner mencionándolo por su cargo en el PJ, pero sin nombrarlo directamente.
En un claro alineamiento con su jefa política, CFK, Kicillof criticó la Ley Bases y el Pacto de Mayo convocado por Milei, al que considera solo un acto para tomarse una foto. «Le diría que celebre su Pacto el 4 de julio, que es una fecha más adecuada», lanzó desde San Vicente, refiriéndose al evento que tendrá lugar a la medianoche del 9 de julio en San Miguel de Tucumán.
Su postura no cerró la grieta. «Que le agregue estrofas a la canción de Néstor y Cristina«, se escuchó decir a alguien que desconfía de la propuesta del gobernador de «una nueva canción», recordando que hubo unidad para garantizar el triunfo de Alberto Fernández, pero que no fue suficiente para llevar a cabo un buen gobierno.
La decisión de Kicillof de asumir un papel de liderazgo genera esperanzas en algunos y discrepancias en otros. Todas las facciones hablan de tender lazos para lograr la unidad, pero la discusión se complica cuando los acuerdos implican que cada sector debe ceder posiciones. Esto es típico en el mundo de la política, al igual que la disputa por el liderazgo de un espacio. El dilema siempre reside en cómo conciliar las diferencias para avanzar juntos. La pregunta es si podrán alcanzar la unidad.
Todos comprenden que para ser competitivos en 2027, el 2025 será una prueba crucial, especialmente para mantener la gestión de la provincia de Buenos Aires en medio de una crisis significativa. Por eso, la elección legislativa y la conducción del PJ bonaerense son factores vitales. Mientras tanto, el peronismo busca unir a los diferentes espacios frente a la tumultuosa ola libertaria.
El análisis político también se centra en los próximos desafíos electorales, particularmente en 2025, visto como una prueba crucial para el peronismo en la provincia de Buenos Aires. La gestión de la crisis económica y política, así como la habilidad para mantener la cohesión interna mientras se enfrentan a movimientos políticos emergentes, como el de Javier Milei, son temas centrales que definirán el futuro político de la región.
En resumen, la situación actual del peronismo en Buenos Aires es un equilibrio precario entre la unidad necesaria para enfrentar los desafíos externos y las divisiones internas que podrían debilitar sus posiciones. El camino hacia la unidad total sigue siendo esquivo, y la capacidad del peronismo para navegar por estas aguas turbulentas determinará su éxito futuro en las urnas y en la gestión gubernamental.
