El kirchnerismo y su líder, Cristina Fernández, buscaron rearmarse luego de la salida del poder en 2015. Decidida a jugar por fuera del PJ, dos miembros de la UCR se erigen como actores fundamentales del proceso. ¿Quiénes son?
A casi dos años de su salida del poder, y también de gran parte de lo constituía el kirchnerismo, Cristina Fernández de Kirchner y su nuevo partido, Unidad Ciudadana, han comenzado hace un tiempo a rearmarse e incluso corregir algunas facetas que se les criticaba para instituirse como principal oposición al gobierno de Mauricio Macri y ser la opción más potable para sucederlo a partir del 2019.
En este proceso, surge una peculiar situación. Dos radicales son piezas fundamentales, aunque aún lejos de lo que en algún momento de mitad de los 12 años de gestión K se denominó la “transversalidad”. Se trata, por un lado del histórico Leopoldo Moreau y, por el otro, del dirigente sindical, Sergio Palazzo, titular de La Bancaria.
Moreau, fundador a fines de los 70 de la Junta Coordinadora Nacional, de la corriente universitaria Franja Morada, hombre de confianza de Raúl Alfonsín, miembro de “La Coordinadora”, presidente del comité radical bonaerense en los 80 y candidato a presidente del partido en el 2003; es actualmente uno de los principales voceros de la ex Presidenta. Plasmado quedó hace una semana, cuando fue quien más dialogó con la prensa durante el escandaloso escrutinio de los votos. Cabe recordar también que durante la segunda presidencia de CFK, etapa en la que decidió acercársele y que, en paralelo, le costó la expulsión de la UCR, se transformó en el principal referente de lo que se denominó y denomina, el radicalismo K.
El otro actor en cuestión, Palazzo, también conservó el vínculo con la ex presidenta desde que ella transitaba sus últimos meses en el poder ejecutivo nacional, a pesar de que no ocultaba sus críticas al modelo, sobre todo por el tema del Impuesto a las Ganancias que pega de lleno contra uno de los sectores con mejores y más altos salarios. Con Hugo Moyano en la vereda de enfrente hace tiempo, y con el volátil apoyo de los gremios de los “gordos” e “independientes” (por cierto, hoy cercanos a Macri), el bancario mostró su respaldo e incluso, ya ella fuera del poder, mantuvo reuniones. Palazzo y su Corriente Federal decidieron abrirse de la reunificación de la CGT, mantuvo una postura crítica, aunque no del todo firme contra el actual gobierno, a pesar de que hizo paros, logró la reincorporación de despedidos y el cierre de altas paritarias. En una central obrera llena de grietas, tiene el apoyo de un espectro considerable para disputar el trono de la CGT, del que todos coinciden, en poco tiempo habrá un solo conductor. Algún Moyano o laderos de ellos, también suenan para el puesto. Sería histórico y extraño que un radical dirija el símbolo, tal vez, más preciado del peronismo. Sin embargo, nada le quita la ilusión a él y en parte a CFK en su proceso de rearmado.
