Transas, juego clandestino y deliverys de efectivo abundan en las ‘villas’, donde más pega la morosidad pero ningún político los escucha.
El drama de las deudas en las familias argentinas es total. Sin embargo, al fondo de ese drama se encuentran los más afectados que nadie ve: los vecinos de barrios populares o ‘villas’. Allí no es una tarjeta de crédito, es un usurero puerta a puerta, un delivery de efectivo, un prestamista de Facebook o un narco.
Si bien las tasas en los bancos te ahogan con intereses de entre 300 y 1300 %, en estas modalidades el interés es tan alto que lo más probable es que nunca llegues a pagar. Pues, los usureros lo van aumentando a gusto para poder lograr con su cometido: quedarse con tu casa, auto, moto u otro bien en la desesperación de no poder pagar.
“Esto viene creciendo”, dice Luci Cavallero, socióloga y militante de Movida Ciudad. “Frente al agotamiento de sacar créditos con las billeteras virtuales, la gente acude a prestamistas barriales”, agrega en una entrevista con el medio colega Página12.
“Algunos se llaman Pago Diario: son los que vienen en moto, te prestan una cantidad de plata, no les importa si te conocen o no; vienen a domicilio a darte la plata. Así saben después adónde tienen que ir para cobrarte. Esos son los más jodidos”, comenta Yamila, una vecina de un barrio popular también en Página12.

LOS NARCOCRÉDITOS.
El narcocrédito, así le llaman, es un mecanismo por el que una persona que vende droga en un barrio popular o en una villa de emergencia encuentra la posibilidad de prestar plata a intereses usurarios. A veces, los intereses de los narcos son más bajos que las billeteras virtuales. Usuarios todos, pero más baratos.
Hubo un caso que llegó a la justicia. Una pareja secuestró a una de sus deudoras, una empleada de una pizzería. La mantuvieron en cautiverio, bajo amenazas y con arma de fuego, y le exigieron a su marido y a sus patrones un pago de rescate: primero, 8.000 dólares; al final, 1.500.000 de pesos.
La causa, elevada a juicio por el fiscal federal Fernando Domínguez, muestra escenas del deterioro económico y social. Chat con aprietes, préstamos para pagar la diaria de alimentos, vivienda o un viaje de egresados. Fueron doce préstamos en total entre febrero y marzo de 2026: once con tasas que duplicaban el capital prestado.
Los investigadores no pudieron probar una conexión con la economía ilegal del narcotráfico, aunque tuvieron una fuerte sospecha de que así era.
Además del narco, existen otras usinas de préstamos territoriales. También están las agencias de autos: no las grandes agencias, sino talleres más chicos, de cinco o seis autos, que compran y venden y generan dinero que salen a ofrecer.
