El Gobierno se sumó a una iniciativa impulsada por Washington para reorganizar el mercado internacional de insumos estratégicos, reducir la influencia de China y atraer inversiones de largo plazo en litio y cobre.
El Gobierno argentino oficializó su incorporación al Instrumento Marco para el Fortalecimiento del Suministro y Procesamiento de Minerales Críticos, una iniciativa liderada por Estados Unidos que apuntó a redefinir las cadenas globales de valor de estos recursos estratégicos. El acuerdo se presentó tras una cumbre realizada en Washington, de la que participaron 54 países, con el foco puesto en disminuir la dependencia de China, principal actor del sector a escala mundial.
El entendimiento estableció la conformación de una zona preferencial para minerales críticos, junto con la fijación de precios de referencia y mecanismos orientados a asegurar estabilidad en el abastecimiento y previsibilidad para las inversiones. Desde la administración estadounidense indicaron que la iniciativa buscó fortalecer cadenas de valor diversificadas y dar respuesta al aumento de la demanda asociado al desarrollo de nuevas tecnologías.
Desde la Cancillería argentina señalaron que el objetivo central fue “garantizar cadenas de valor más sólidas, diversificadas y resilientes, fomentando inversiones productivas de largo plazo y respondiendo al crecimiento de la demanda global”. En ese marco, Argentina ingresó al esquema como país productor, en un contexto en el que ocupó el quinto lugar mundial en producción de litio y concentró una de las mayores reservas del planeta.
El acuerdo se produjo en un escenario marcado por la fuerte gravitación de China en el sector. Más del 70% del litio argentino tuvo como destino ese país, que controló una parte sustancial de la cadena de la electromovilidad. Frente a ese dominio, Estados Unidos avanzó en acuerdos con países proveedores y consumidores con el objetivo de equilibrar el tablero global.
Desde el Gobierno nacional destacaron que la adhesión al instrumento abrió una oportunidad para impulsar el crecimiento económico, atraer inversiones de largo plazo y consolidar la inserción internacional de Argentina en sectores considerados estratégicos. La minería apareció, junto con la energía y la agroindustria, como uno de los pilares del esquema de desarrollo que buscó promover la actual administración.
La iniciativa se vinculó además con una decisión reciente del presidente estadounidense Donald Trump, quien anunció la creación de una reserva nacional de minerales críticos por casi 12.000 millones de dólares. Ese fondo tuvo como objetivo proteger a la industria y al empleo de su país frente a eventuales interrupciones del suministro. En la misma línea, el vicepresidente JD Vance sostuvo que la zona preferencial permitió avanzar hacia un mercado más competitivo, con precios mínimos que evitaron distorsiones externas.
En paralelo a la cumbre, el canciller Pablo Quirno mantuvo encuentros con funcionarios del Departamento de Estado, entre ellos el subsecretario Christopher Landau. Desde la Casa Blanca definieron la cooperación con Argentina como estratégica, mientras que Quirno ratificó la voluntad oficial de profundizar el vínculo bilateral y avanzar en una asociación basada en reglas claras y previsibilidad a largo plazo.
Pese al anuncio, el impacto concreto del acuerdo aún quedó por definirse. Persistieron interrogantes sobre el efecto real de la adhesión en el mercado de minerales críticos, en especial para un país que, a pesar de su peso como productor de litio, mantuvo a China como principal destino de sus exportaciones.
En términos económicos, el sector minero mostró un desempeño en alza. En 2025, las exportaciones alcanzaron un récord de 6.037 millones de dólares, con un crecimiento interanual cercano al 30%. El litio y el cobre se consolidaron como ejes clave para la generación de divisas, empleo calificado y desarrollo de economías regionales.
Las proyecciones oficiales señalaron que Argentina buscó llegar a 100.000 millones de dólares en exportaciones totales en los próximos siete años. En ese escenario, la minería podría superar los 20.000 millones de dólares y escalar a más de 30.000 millones hacia el final de la próxima década, apoyada en un marco de estabilidad macroeconómica y reglas previsibles para la inversión.
