El Presidente trabaja en la confección del discurso que dará el 1° de marzo; allí estará con Cristina Kirchner, en medio de la tensión interna.
Durante el fin de semana largo Alberto Fernández empezó a avanzar en la redacción de discurso que pronunciará el 1 de marzo, día en que abrirá las sesiones ordinarias del Congreso. Ese será también el día en que se vuelva a ver, cara a cara, con Cristina Kirchner, su compañera de fórmula con la que habla cada vez menos.
Los principales colaboradores ya le pasaron un borrador con los temas que deben estar presentes y es él el encargado de darle el cierre. Los ministerios empezaron a enviar información que recopila la secretaria general y que está armando el equipo de comunicación que conduce la Portavoz del Gobierno, Gabriela Cerruti.
El Jefe de Estado suele discutir su discurso junto a Julio Vitobello; el vicejefe de Gabinete, Juan Manuel Olmos; y la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, funcionarios de su más estrecha confianza.
En principio, el discurso tendría cuatro ejes: el primero es una defensa cerrada a la inocencia de Cristina Kirchner, avalando el plan de proscripción que el kirchnerismo.
Fernández sostiene que existe una persecución judicial contra su compañera de fórmula y que el proceso de investigación que llevó adelante el fiscal Diego Luciani en la causa Vialidad está viciado.
El segundo eje es la defensa de la gestión de su gobierno, enmarcada en el daño mundial, y local, que generaron la pandemia y la invasión de Rusia a Ucrania, lo que desató una guerra que ya lleva un año y que impactó de lleno en la economía del mundo.
Un tercer eje será la economía. La lucha para bajar la inflación, los esfuerzos de Sergio Massa para engrosar las reservas del BCRA, las ventajas al campo para liquidar la soja, la reapertura de paritarias para que los sueldos no pierdan con la inflación.
Un cuarto eje será la agenda internacional en la que está inmerso Argentina. La posibilidad de exportar gas, las reuniones con los principales líderes del mundo, el regreso de Lula da Silva a la presidencia de Brasil y el beneficio que ese movimiento político genera en la relación comercial de los dos países, su rol en la CELAC.
