El ex presidente reiteró que asumirá su banca. Pero ya les comunicó a sus legisladores nacionales que no se involucrará en las tareas que demandan más esfuerzo o que lo obligarían a sentarse a consensuar con la oposición.
Si Néstor Kirchner cumple con su promesa y asume desde diciembre su banca en el Congreso, no tomará ninguna responsabilidad en la Cámara de Diputados. Así ya se lo transmitió el ex presidente a los legisladores que siguen a rajatabla el manual del oficialismo en la Cámara alta.
En caso de ganar en la provincia de Buenos Aires, el santacruceño no se involucrará en ninguna tarea que le demande demasiado esfuerzo ni compromiso. No tiene pensado ser el jefe del bloque del Frente para la Victoria, lugar que hoy ocupa Agustín Rossi, ni muchísimo menos aventurarse a relevar de su tarea al presidente de la Cámara, Eduardo Fellner. “Va a ser un diputado raso.
No necesita asumir ningún cargo para seguir siendo nuestro jefe político. Ya tiene demasiado con la conducción del PJ nacional”, le dijo ayer a Crítica de la Argentina un integrante de la bancada oficialista que frecuenta la residencia de Olivos. En otras palabras, el ex presidente irá al Parlamento a hacer la plancha y a sacar provecho de los fueros. Pese a que aún no está claro si Rossi obtendrá los votos suficientes para conservar su banca, Kirchner desliza a su entorno que no se postulará para reemplazar al abnegado y obediente rosarino.
En su larga carrera política, el consorte presidencial jamás se candidateó para un cargo legislativo. Se ocupó siempre del Ejecutivo (intendente, gobernador y presidente) mientras su esposa ocupó alternativamente bancas en la Legislatura santacruceña y en el Congreso de la Nación. Kirchner sabe por la experiencia de su mujer que si fuera jefe del bloque debería, por ejemplo, sentarse a negociar el orden del día en Labor Parlamentaria antes de cada sesión con diputados como Federico Pinedo, del PRO; Felipe Solá, del PJ disidente, y Adrián Pérez, de la Coalición Cívica.
Resulta difícil imaginar al ex presidente haciendo un esfuerzo por consensuar con los líderes de la oposición. Pero además debería encargarse de administrar la presentación de proyectos del oficialismo. Su trayectoria indica que la paciencia no le sobra para ese tipo de urdimbres.
La tarea del presidente del cuerpo legislativo, que Kirchner tampoco piensa asumir, es aún más engorrosa. Fellner ahora –y Alberto Balestrini antes– se aboca a misiones que difícilmente puedan cautivar al santacruceño. La relación con los gremios parlamentarios, la discusión por los contratos de los empleados legislativos y los pases a planta permanente, la delicada situación de la incontrolada obra social del Congreso, la Dirección de Ayuda Social (DAS).
“Va a ser una situación absolutamente distinta. Es como tener a Maradona en el equipo”, se jactó otro diputado, enrolado en la corriente talibán del kirchnerismo.
En todo caso, el papel de Kirchner será el de liderar in situ, en vivo y en directo, las políticas que el oficialismo llevará a una Cámara donde corre el riesgo de perder quórum propio. El ex presidente ya no recibirá informes de Carlos Kunkel, Dante Dovena o Carlos “Cuto” Moreno, diputados que actualmente custodian sus intereses en la Cámara baja. El vínculo, leonino y radial, que aún mantiene con algunos gobernadores abreviará los pasos de las negociaciones y le permitirá saltear intermediarios que considera inútiles. Todo eso, claro, si el candidato cumple con lo que está prometiendo por estos días.
