El genocida continuó perteneciendo a la fuerza hasta el 8 de agosto. Otros 11 miembros en condiciones similares también fueron tuvieron la misma pena.
Miguel Etchecolatz. Uno de los símbolos más nefastos y aterradores de la dictadura cívico militar, continuaba teniendo beneficios a pesar de haber recibido hace 31 años su primera condena por delitos de lesa humanidad. A esa se le sumaron cinco más. La mitad de ellas, a reclusión perpetua. Sin embargo, hasta el pasado ocho de agosto, seguía perteneciendo a la Policía Bonaerense y en situación de Retiro Activo Voluntario.
Por decisión del Ministerio de Seguridad, a través de la Auditoría General de Asuntos Internos, exoneró a doce efectivos de la Policía de la provincia de Buenos Aires, entre ellos a Etchecolatz, quien se encuentra preso en la cárcel de Ezeiza y hace pocos días estaba por determinarse el otorgamiento de prisión domiciliaria.
Más allá de la aberrante demora, en el medio se coló la siguiente inevitable obviedad político-partidaria: el macrismo está corriendo por izquierda al kirchnerismo. El partido que lidera Mauricio Macri fue estigmatizado (por momentos con argumentos favorables) de no concederle o darle una superficial importancia al tema de los derechos humanos. Que el propio Macri y dirigentes o pensadores cercanos al oficialismo tildaran a lo sucedido en los 70 de “guerra sucia” o que el ex titular de la aduana, José Gómez Centurión y el ex director artístico del Teatro Colón, Darío Lopérfido, pusieran en duda el número de desaparecidos, acentuaban más ese perfil.
Sin embargo, la decisión aplicada por el gobierno de María Eugenia Vidal llamó a silencio a los simpatizantes del kirchnerismo, gobierno que, sin dudas, hizo una de sus banderas principales la lucha por los derechos humanos durante la época de la dictadura. Fue así que no se vió una expresión de esa ala política mencionando la política implementada; Hebe de Bonafini u Estela de Carlotto no dieron, hasta el momento, declaraciones al respecto; incluso el diario Página/12 que, desde su creación, le ha concedido vastas líneas e infinitas tapas a los temas vinculados a los derechos humanos, apenas dedicó una breve y fría nota al interior. Al contrario de lo que sucede en la actualidad con el caso Milagro Sala o la desaparición de Santiago Maldonado.
No faltaron, obviamente, los que empezaron a cuestionar y a preguntarse como el gobierno de los Kirchner, con Felipe Solá y Daniel Scioli como gobernadores de la Provincia, mantuvieron la situación de Etchecolatz a pesar de que la Justicia también había enviado notificaciones oficiales a la Bonaerense en 2004, 2006 y 2014. Mario Negri, diputado nacional y Presidente del Bloque UCR fue claro: “el kirchnerismo estaba tan ocupado con hacernos creer que eran los dueños de los DDHH que se olvidaron de exonerar al genocida Etchecolatz”. Al mismo tiempo, tampoco fueron pocos los que le comenzaron a recordar la desaparición de Julio López (justamente vinculada a la por entonces mano derecha de Raúl Camps) y la decisión de poner como jefe del Ejército a César Milani, hoy preso y acusado de haber tenido participación en la desaparición del soldado Alberto Ledo.
En relación a la medida, el titular de la cartera de Seguridad, Cristian Ritondo, afirmó que el Gobierno no podía "dejar a estas personas con estado policial, ya que era una falta de respeto a la democracia y un mal ejemplo para la fuerza".
Por su parte, el secretario de Derechos Humanos, Santiago Cantón, destacó: "Que hayan pasado más de 30 años para exonerar a Etchecolatz, uno de los peores símbolos de la dictadura, es la evidencia de lo mucho que falta por hacer. Desde el primer día estamos trabajando en la Provincia para lograr justicia, verdad y memoria para todos los argentinos".
