Jorge Macri realiza un intento desesperado para volver a los primeros planos.
Se comunicó con Grindetti, nuevo presidente del PRO provincial, para despegarse del trío de los disidentes. Está convencido que De Narváez tiene que ver con su actual ocaso político.
Parece que desde que Jorge Macri regresó de Punta del Este, intentó volver al ruedo político para no entrar en el ostracismo definitivo. Cuando lo obligaron a pedir licencia forzada, habría fogoneado a su tropa para encabezar la rebelión contra Mauricio. Al ver que la cosa se le fue de las manos y que el matrimonio Arcidiácono-Fiorentino usó su nombre para negociar con el vicegobernador Balestrini, decidió dar marcha atrás e intentar a volver a la escena sin “sacar los pies del plato”.
Va a ser difícil que lo dejen, pero en el día de hoy habría realizado un intento desesperado. Se comunicó con Néstor Grindetti, nuevo presidente del PRO provincial, para despegarse del trío de los disidentes, que incluye a Cristian Raff, su hombre político en Vicente López hasta hace unos pocos días. Justo en vísperas de la marcha de autos y bocinazos que el grupo hereje realizará frente a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad en las próximas horas.
El primo íntimamente está convencido que su antiguo aliado Francisco De Narváez tuvo mucho que ver en su desplazamiento de la jefatura del PRO bonaerense. En todos los corrillos políticos se da por hecho que su nombre fue moneda de cambio antes de la foto que el empresario se sacó junto a Mauricio Macri y Felipe Solá que el marcó el inicio de este acuerdo de verano. Mientras en el entorno del ex gobernador respetan el problema interno y familiar, piden que el tema salga de los diarios porque empieza a dañar esta nueva alianza de la derecha argentina.
En cambio, en los círculos de De Narváez se puede escuchar: “Jorge está muy sucio, había que sacarlo sí o sí porque era un peligro”. Sin embargo, no son pocos los que especulan que los Macri, lejos de estar peleados habrían acordado el desplazamiento del legislador provincial y a cambio de ese silencio, lo premiarían con un lugar en la lista de diputados nacionales.
En el entorno de Jorge Macri ya señalan que una vez que él logre despegarse de los rebeldes, impondrá sobre la mesa su nombre, donde, una vez más, por portación de apellido o por confusión del electorado mide bastante bien en las encuestas, incluso, según se jactan, por encima de Francisco y Felipe.
¿Cuál sería la idea? Arreglar el disgusto del jefe de gobierno y luego ofrecerle ir a las mesa de negociación juntos para imponer entre ambos la posibilidad de ocupar el 50 % de los lugares en las listas legislativas. Así, un 25 % sería para los dirigentes del “Colorado” y el otro 25 % para los de Solá, sueñan.
Por Eduardo Román
