La recorrida por Epuyén expuso la interna con Javier Milei, reactivó la estrategia de perfil federal y volvió a ubicar a la vicepresidenta como un factor de tensión dentro del Gobierno.
Aislada de las decisiones políticas del Ejecutivo y reducida a tareas administrativas en el Senado, Victoria Villarruel viajó a Epuyén, una de las zonas más golpeadas por los incendios forestales en Chubut. La vicepresidenta evitó la exposición pública directa, pero su despliegue digital se encargó de amplificar cada paso. El contraste con la actitud de Javier Milei resultó inevitable y reavivó una interna que nunca terminó de apagarse.
En la Casa Rosada interpretaron la visita como un gesto político. Mientras el Presidente se expresó a través de redes sociales, Villarruel se mostró en el territorio. Esa diferencia volvió a colocarla en el radar del oficialismo y reactivó una disputa que, cada vez que aparece, la reposiciona en el escenario nacional.
Desde hace meses, la vicepresidenta construyó una narrativa propia. Existen portales digitales dedicados exclusivamente a difundir sus actividades, con especial énfasis en sus recorridas por el país. Uno de ellos destacó que en Chubut “realizó una visita de bajo perfil” para observar de cerca las consecuencias del fuego. El eje del mensaje fue claro: Villarruel como dirigente federal, presente y cercana.
Las plataformas replicaron una estética institucional, con mapas, registros de viajes y un relato ordenado. También incluyeron referencias a su trayectoria política y a su militancia en defensa de militares condenados por delitos de lesa humanidad. Ese armado buscó consolidar una identidad diferenciada del núcleo duro libertario.
En el entorno de la vicepresidenta negaron cualquier vínculo formal con esas estructuras digitales. “Nosotros no tenemos una granja de trolls”, aseguró un dirigente de su máxima confianza. Villarruel redujo su círculo político durante el último año y concentró decisiones en una mesa chica cada vez más cerrada.
Ese repliegue se profundizó tras una serie de rupturas internas. Desplazó a Juan Martín Donato, referente de su armado político, y designó a Mario “Pato” Russo. Se alejó de su vocero, rompió con Eduardo Viramonte Olmos y sumó a figuras como Claudia Rucci y militares retirados. La pérdida de poder se aceleró cuando Karina Milei avaló la intervención política de Patricia Bullrich en el Senado.
Con ese movimiento, Villarruel quedó confinada a funciones administrativas. Se ocupó del reparto de despachos y del anuncio de un plan de retiros voluntarios por el ajuste presupuestario. El margen de acción política se achicó de forma drástica.
La visita a Epuyén alteró ese escenario. En el Gobierno la leyeron como una provocación. “Se equivocan. Porque cada vez que le pegan la hacen crecer”, sostuvo un dirigente de su entorno, y agregó: “Si ellos no hablan de ella, ella desaparece. Pero no se dan cuenta”.
Desde el oficialismo instalaron que Villarruel solicitó un helicóptero para sobrevolar la zona afectada. El subsecretario de Prensa, Javier Lanari, escribió: “Todas las herramientas que dispone el Estado están destinadas exclusivamente a combatir el fuego. No están al servicio de la ‘alta política’. Parece mentira. Pero hay quienes todavía no lo entienden”. El mensaje apuntó de forma directa a la vicepresidenta.
Villarruel respondió con un anuncio institucional. Informó que propondría una reforma del Código Penal para endurecer las penas contra quienes inician incendios y mejorar la “coordinación entre la Nación y las provincias”. En paralelo, cuentas militantes no oficiales cuestionaron a Milei por no viajar a Chubut. “La gente que pierde todo necesita ver a sus gobernantes de carne y hueso, no avatares. La realidad no se retoca con un posteo, se enfrenta poniendo el cuerpo”, publicó una de ellas.
En su entorno rechazaron esas publicaciones, pero admitieron que el diagnóstico coincidió. También desmintieron de forma tajante el pedido de un helicóptero.
“Es raro que digan que es una ‘muerta política’ cuando tiene un 40% de imagen positiva”, deslizó un hombre de confianza, en referencia a versiones difundidas en medios nacionales. Ese dato explica por qué cada movimiento de Villarruel genera reacción inmediata en el oficialismo.
La vicepresidenta aseguró que no definió un plan para 2027 y reiteró su respaldo institucional al Gobierno. Sin embargo, en su equipo confían en encuestas que le atribuyeron buena imagen entre votantes libertarios y sectores peronistas. Villarruel imaginó un perfil productivista y nacional para un proyecto conservador alternativo.
El lugar todavía no apareció. Lo único que quedó claro fue otra cosa: ese camino no incluyó una boleta libertaria.
