El nuevo ajuste tarifario, vigente desde esta semana, estableció un aumento del 2% en colectivos del AMBA y del 18% en trenes, dentro de un esquema de subas escalonadas previsto hasta septiembre.
Mientras el Gobierno nacional avanza con nuevos aumentos en colectivos y trenes del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), el costo de viajar se convirtió en una carga cada vez más pesada para millones de trabajadores, jubilados y beneficiarios de programas sociales. Desde la llegada de la gestión de Javier Milei, las tarifas del transporte público acumularon incrementos de hasta el 1700%, muy por encima de la evolución de los salarios, que apenas crecieron entre un 100% y un 300%.
El nuevo ajuste tarifario, vigente desde esta semana, estableció un aumento del 2% en colectivos del AMBA y del 18% en trenes, dentro de un esquema de subas escalonadas previsto hasta septiembre. Sin embargo, más allá del impacto inmediato, especialistas advierten sobre un problema estructural: en poco más de dos años, el transporte pasó de representar un gasto relativamente accesible a convertirse en un factor que condiciona el bolsillo de millones de personas.
Tarifas que crecieron mucho más que los ingresos
De acuerdo con un informe del Centro de Estudios Derecho al Futuro (CEDAF), las tarifas del transporte aumentaron entre 1000% y 1700% desde diciembre de 2023. Entre las mayores subas figuran el subte, con un incremento del 1668%; los colectivos bonaerenses, con un 1576%; los colectivos de jurisdicción nacional, con un 1246%; y los trenes, con un alza cercana al 989%.
La diferencia con los ingresos es contundente. Mientras el boleto se multiplicó hasta por 17 veces, los salarios formales crecieron muy por debajo. Los trabajadores registrados acumularon aumentos cercanos al 240%, la mediana salarial del SIPA rondó el 270%, mientras que el Salario Mínimo Vital y Móvil apenas creció un 145%.
Algunos sectores quedaron especialmente rezagados. Los docentes universitarios registraron un aumento salarial de apenas 130% desde fines de 2023, mientras que sectores como Comercio o Construcción tuvieron mejoras del 234% y 298%, respectivamente. La consecuencia es clara: el transporte aumentó entre tres y doce veces más que los ingresos.
Cada vez más plata para viajar
El impacto ya se siente en el presupuesto mensual. Actualmente, quienes trabajan en el AMBA destinan entre el 10% y el 12% de sus ingresos solo para trasladarse.
Un recorrido habitual —tren Roca más colectivo, ida y vuelta durante 20 días hábiles— ya implica un gasto mensual superior a los $34.000. En términos concretos, trabajadores estatales, metalúrgicos o de la construcción pasaron de destinar cerca del 1% de su salario al transporte a invertir alrededor del 4%. En el caso de docentes universitarios, el peso del boleto trepó del 1% al 6% del ingreso.
Para los sectores más vulnerables, el panorama es aún más complejo. Titulares de la AUH destinan hoy cerca del 11% de sus ingresos mensuales al transporte, porcentaje que puede duplicarse cuando el trayecto requiere combinar más de un colectivo. Jubilados que cobran la mínima también vieron multiplicado el peso del transporte en sus haberes: en apenas dos años, el gasto pasó de representar menos del 1% del ingreso a superar el 3%.
Menos subsidios y servicios más deteriorados
El encarecimiento del transporte no llegó acompañado de mejoras. Por el contrario, el aumento de tarifas ocurrió en paralelo a un fuerte recorte de subsidios estatales. Entre el primer bimestre de 2023 y el mismo período de 2026, los aportes del Estado al sistema cayeron un 49% en términos reales, según el informe citado.
Ese ajuste tuvo efectos directos sobre la calidad del servicio: menos frecuencias, reducción de recorridos y mayores tiempos de espera. Las empresas de colectivos redujeron hasta un 30% sus frecuencias en algunos corredores, argumentando mayores costos operativos y falta de actualización en los ingresos del sector.
Cada vez menos pasajeros
El impacto también se refleja en la cantidad de usuarios. Según datos de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (Aaeta), las ventas de pasajes en colectivos del AMBA cayeron un 21% entre abril de 2025 y abril de 2026. En paralelo, las frecuencias bajaron un 19%.
En el subte porteño, el panorama es similar. Durante 2025, el sistema transportó apenas el 59% de los pasajeros que tenía en 2019 y continúa registrando caídas respecto de años anteriores, consolidándose como uno de los servicios de peor recuperación de la región.
Los trenes tampoco escapan a la tendencia. Datos de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte muestran que durante el primer trimestre de 2026 hubo un 14,4% menos de pasajeros respecto del mismo período del año pasado.
Con tarifas que avanzan mucho más rápido que los salarios, menos subsidios y un servicio deteriorado, el transporte público del AMBA enfrenta un escenario cada vez más costoso para quienes dependen de él todos los días para trabajar, estudiar o acceder a servicios básicos.
