Mientras el GNL todavía aparece como una meta a mediano plazo, el shale gas neuquino ya cerró contratos de largo plazo con países vecinos, aunque la falta de infraestructura sigue siendo el principal límite para una expansión mayor.
Antes de concretar exportaciones de gas natural licuado (GNL), un proceso que demandará al menos dos años para su primer proyecto, el gas de Vaca Muerta comenzó a consolidarse en los mercados regionales. Brasil aparece como el principal interesado, con la posibilidad de recibir fluido argentino a través de gasoductos bolivianos subutilizados, mientras que en las últimas semanas Pluspetrol y Pan American Energy (PAE) avanzaron con acuerdos comerciales con Chile y Uruguay.
A diferencia de los envíos estacionales que históricamente marcaron el vínculo energético regional, los contratos recientes se apoyan en compromisos de largo plazo y en infraestructura ya existente. Sin embargo, las proyecciones de crecimiento dependen de inversiones para ampliar y repotenciar gasoductos tanto dentro de la Argentina como hacia los países limítrofes. Sin esas obras, el desarrollo pleno del shale gas continúa condicionado.
En ese contexto, una delegación del consorcio brasileño GásBra Energía llegó a la ciudad de Neuquén para explorar alternativas de abastecimiento desde Vaca Muerta. El grupo representa a industrias del estado de Sao Paulo, una región altamente dependiente de la generación hidroeléctrica y vulnerable a eventos climáticos extremos como la sequía de 2021. A su vez, Bolivia, proveedor histórico de Brasil, atraviesa un sostenido declive productivo. El gobernador, Rolando Figueroa, recibió a la comitiva junto a su equipo de Energía y Ambiente. Al término del encuentro, el CEO de GásBra, Marcos Maia, sostuvo: «Estamos trabajando en un proyecto de más de 30 años, por lo tanto es estratégico tanto para Neuquén como para Brasil».

El retroceso gasífero boliviano reconfigura el mapa regional. La producción del país vecino pasó de 61 millones de metros cúbicos diarios en 2015 a menos de la mitad en 2025, y las proyecciones indican que podría caer a apenas 5 MMm³/d hacia 2035. Frente a ese escenario, la estatal YPFB busca reconvertirse en prestadora de servicios de transporte, utilizando el shale argentino como respaldo para no perder el mercado brasileño.
«Brasil y Argentina son y serán potencias productoras de hidrocarburos, con inversiones de miles de millones de dólares en exploración y producción en el presal y Vaca Muerta durante la próxima década», analizó con el portal Letra P el consultor boliviano Álvaro Ríos Roca.
Para el especialista, una de las claves será que Bolivia se convierta en un socio logístico de la Argentina, garantizando el tránsito del gas hacia Brasil. De ese modo, los gasoductos internos bolivianos podrían mantenerse operativos con mayores volúmenes provenientes del Gasoducto del Norte argentino, mientras el offshore brasileño y el shale neuquino continúan en expansión.
Pan American Energy cerró un acuerdo con la estatal uruguaya UTE para abastecer con shale gas la generación térmica del país vecino. El suministro se realiza a través del Gasoducto Cruz del Sur, que une Punta Lara con Colonia y Montevideo. La tubería es operada por un consorcio integrado por PAE, ANCAP, Harbour Energy y Shell. El contrato tiene una vigencia de un año y la compañía ya informó la entrega de siete millones de metros cúbicos de gas en la antesala del verano.
El movimiento más ambicioso llegó desde Pluspetrol. La compañía ofertó exportar gas a Chile durante 52 años a través del gasoducto GasAndes, en el marco de una licitación de Transportadora de Gas del Norte a pedido de la generadora Colbún. El compromiso comenzaría el 1° de enero de 2026 y se extendería hasta 2078. En la zona central chilena, el consumo ronda los diez millones de metros cúbicos diarios, de los cuales el 60% ya se abastece desde la Argentina y el resto mediante GNL. Con esta propuesta, Pluspetrol apunta a capturar una porción estructural de esa demanda con gas de Vaca Muerta.
