Aquellas sesiones fallidas, en las que Kicillof se quedó sin su herramienta de gestión, fueron el inicio de lo que ya normalizamos como una interna sin límites. ¿Qué pasó en el peronismo bonaerense? ¿Cuáles fueron las consecuencias de esa discusión inicial?
Axel Kicillof. Electo Gobernador de la Provincia de Buenos Aires (la más grande del país), en 2019, con una aplastante victoria frente a ‘la leona’ María Eugenia Vidal. Reelecto en 2023 con más del 50% de los votos. Mandatario de un territorio en el que no ganó Milei, en ninguna de las tres elecciones pasadas.
Máximo Kirchner. Diputado Nacional reelecto en 2023 por ese mismo territorio. Presidente del PJ de ese territorio. Líder de La Cámpora, la organización juvenil más grande del país, pero que tiene a su núcleo más fuerte en ese mismo territorio.
Ambos, hijos de Cristina Fernández de Kirchner. Uno político, el otro biológico -y político también-. Hoy, su pelea sacude a ese territorio en el que Milei no ganó. Su pelea pone en riesgo ese territorio que prometía ser la trinchera opositora.
Dicha pelea tuvo un punto -pareciera- sin retorno, cuando el Congreso Bonaerense no aprobó el Presupuesto 2025 del Gobernador ni las leyes de endeudamiento para que le sea más ágil gestionar. Si bien la oposición fue el principal artífice de esas sesiones fallidas, en el kicillofismo se apunta a la mayoría de legisladores de La Cámpora que integran el bloque UxP, acusándolos de no cooperar con el Gobernador.
Ese primer episodio desembocó en que, mientras Axel Kicillof lanzaba su espacio, Movimiento Derecho Al Futuro, una de sus ministras estuviera en un acto organizado por Máximo Kirchner a la misma hora en Moreno.
Mientras Kicillof lanzaba MDF, Máximo Kirchner apareció en Moreno con una de sus ministras
Sin embargo, esas fallidas sesiones por Presupuesto y Endeudamiento, tuvieron otras dos consecuencias más profundas que esta pelea de gestos.
1. Un Gobernador sin Presupuesto. Lo obvio. Kicillof tiene que gestionar la Provincia más grande del país con un presupuesto prorrogado del 2023, sin poder tomar deuda, y con la falta de recursos nacionales que Milei no envía.
Lo que Kicillof pretendía en ese momento era la autorización para que la Provincia tome deuda por U$S 1.045 millones y la emisión de Letras del Tesoro por otros U$S 250 millones más.
En cuanto al Presupuesto, los renglones que trabaron las discusiones se pueden resumir en estos ejes: se reclamó al Ejecutivo un fondo de $ 400 mil millones para repartir a los municipios. La Gobernación accedió a estirarlo a $ 160 mil. Los dirigentes radicales y del PRO querían eliminar un artículo de la ley fiscal que habilitaba al Gobernador a subir impuestos por encima de la pauta de 28% anual, fijada en el Presupuesto. También desde la oposición se exigía que el 16% de los fondos que ingresaran por endeudamiento se transfirieran a las 135 comunas.
Sin embargo, la discusión terminó siendo política, y tuvo a Facundo Tignanelli, jefe del bloque UxP en Diputados y mano derecha de Máximo Kirchner, publicando un polémico tweet a horas de la -fallida- votación.
Boludeces, no.
Esta tarde los 37 diputados de UxP vamos a estar sentados en nuestras bancas para tratar los proyectos de presupuesto, fiscal impositiva y endeudamiento enviados por el Poder Ejecutivo.
Durante este año recibimos 16 proyectos (incluyendo presupuesto y fiscal)…
— Facundo Tignanelli (@mojatignanelli) December 27, 2024
2. Un Gobernador sin Congreso. La segunda consecuencia de esa fallida votación fue que el Gobernador Kicillof ahora tiene dos oposiciones en el Congreso Bonaerense.
Una, es oposición de hecho (bloques como PRO, UCR, CC-Ari, LLA, etc…), compuesta por quienes siempre se espera que voten en contra. Otra, es oposición interna, compuesta por aquellos legisladores camporistas y aliados a Máximo Kirchner, de quienes no se sabe cuando jugarán a favor del gobierno provincial -del cual forman parte- y cuando en contra.
Si bien algunos toman partido por uno u otro bando de esta ya bien establecida interna, lo cierto es que, más allá de que el Gobernador tiene motivos de sobra para sentirse validado por el voto popular para conducir el peronismo, no termina de agarrar ese bastón de mando. Esto lleva a que los sectores del cristinismo tengan validez para dar la discusión política que llevan adelante sin freno alguno.

