El gobierno norteamericano busca ampliar su zona de influencia a nivel global interviniendo en distintos conflictos en el globo terráqueo.
La geopolítica regional ha dado un giro inesperado en el comienzo del 2026, luego de la avanzada militar de Estados Unidos sobre Caracas, en una operación que terminó con la detención de Nicolás Maduro, Donald Trump parece querer reforzar su zona de influencia en América Latina y Medio Oriente.
En un contexto donde la geopolítica global parece disputarse en zonas de influencia, Estados Unidos, que ya se avanzó sobre el petróleo venezolano bajo la idea de detener al Cartel de los Soles, ahora busca intimidar a otros países para reforzar la «defensa nacional» norteamericana.
En su lucha contra el narcotráfico, Trump parece no haber quedado conforme con su operación sobre la capital venezolana, sino que a lo largo de los siguientes días el mandatario amenazó a Colombia, a México y a Cuba en la región. También lanzó advertencias sobre Groenlandia e Irán.
Luego de la avanzada sobre Venezuela, Trump apuntó directamente contra Colombia y su presidente, Gustavo Petro.
Estados Unidos impuso sanciones a Petro en octubre, alegando que estaba permitiendo que los cárteles «prosperaran». Hablando a bordo del Air Force One el domingo, Trump dijo que el país cafetero estaba siendo «gobernada por un hombre enfermo al que le gusta producir cocaína y venderla a Estados Unidos«.
«No va a seguir haciéndolo por mucho tiempo», añadió. Cuando se le preguntó si Estados Unidos llevaría a cabo una operación contra Colombia, Trump respondió: «Me parece una buena idea». Cabe destacar que en octubre ya le había impuesto sanciones económicas a nivel arancelario.
En la misma línea discursiva, Trump apuntó contra México: «Hemos aniquilado el 97% de las drogas que entraban por el mar y ahora vamos a empezar a golpear en tierra con relación a los cárteles», declaró en una entrevista con Fox News. «Los cárteles están gobernando México«, añadió, sin ofrecer más detalles sobre sus planes.
La presidenta Claudia Sheinbaum reveló que le instruyó a la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) reforzar la comunicación con el gobierno de Estados Unidos, y de ser necesario, solicitar hablar con el mandatario de ese país, Donald Trump, tras las declaraciones.
Por último, a nivel regional, el gobierno norteamericano también posó sus ojos sobre la situación cubana, que desde la década del 60′ sufre un bloque sistemático con el fin de desgastar la gestión comunista. Ubicada a solo 145 kilómetros al sur de Florida, Trump sugirió el domingo que no era necesaria una intervención militar estadounidense, porque Cuba está «a punto de colapsar». «No creo que necesitemos ninguna acción», dijo. «Parece que se está desmoronando».
Según algunos informes, Venezuela suministra aproximadamente el 30% del petróleo de Cuba, lo que deja a La Habana en una situación vulnerable si el suministro cae tras la salida de Maduro.
El senador estadounidense Marco Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, ha pedido durante mucho tiempo un cambio de régimen en Cuba, y dijo ante un grupo de periodistas este sábado: «Si viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría preocupado, al menos un poco».
Respecto de otros frentes abiertos que mantiene la Casa Blanca a nivel global, en las últimas horas resurgió la polémica por Groenlandia: En este sentido, el presidente Donald Trump reiteró su intención de anexar la isla ártica, afirmando: “Necesitamos a Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional y Dinamarca no va a poder hacerlo”. La declaración encendió alarmas en Copenhague, que considera la isla un territorio autónomo bajo su soberanía.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, respondió con dureza y advirtió: “Si Estados Unidos decide atacar militarmente a otro país de la OTAN, será el fin de todo”. Con estas palabras, dejó en claro que una acción unilateral de Washington sobre Groenlandia no solo pondría en riesgo la relación bilateral, sino también la estabilidad de la alianza atlántica.
Por último, la relación entre Estados Unidos e Irán atraviesa un momento de máxima tensión. Washington mantiene presión militar y sanciones, mientras Teherán enfrenta protestas internas y asegura estar “preparado” para responder a cualquier ataque.
En los primeros días de enero, el ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchí, declaró desde Beirut: “No deseamos la guerra, pero estamos preparados para ella, al igual que estamos preparados para negociaciones basadas en el respeto mutuo”. Paralelamente, Irán vive una ola de protestas masivas contra la crisis económica y el régimen de los ayatolás, con más de 340 manifestaciones reprimidas en todo el país. Estados Unidos, que ya bombardeó sitios nucleares iraníes en 2025 tras una ofensiva israelí, insiste en que Teherán debe frenar su programa nuclear.
