La textil atraviesa una situación similar a la papelera Massuh, con intento de vaciado sin cumplir con los derechos laborales de quienes hasta hace poco la hacían funcionar. La fábrica elabora bandas transportadoras para uso industrial e hilos de algodón para confección de telas.
De los conflictos gremiales existentes en la zona de Quilmes, en particular aquellos caracterizados por intento de cierre de la compañía, desconfianza del sindicato oficial que “ampara” a los empleados y proyección hacia una salida de autogestión obrera, la papelera Massuh ha ganado notoriedad, en parte por la persistencia y el número de los trabajadores –unos 400-, cierta repercusión mediática y la visita de autoridades políticas.
No muy lejos de Massuh, sobre la Avenida Rodolfo López esquina Condarco, la textil Filobel-Febatex atraviesa una situación similar, con intento de vaciado sin cumplir con los derechos laborales de quienes hasta hace poco la hacían funcionar. La fábrica, nacida al parecer de la quiebra de la compañía Platex de Quilmes Oeste –con cuyas máquinas habría comenzado a producir- elabora bandas transportadoras para uso industrial e hilos de algodón para confección de telas.
A unas condiciones de trabajo mal pago y precaria protección para los obreros en sectores de hilado a alta temperatura, realidad histórica en un gremio bastante desprotegido, se sumaron las “variables de ajuste” empresarias, que se denuncian en forma de sueldos sin pagar, cese de aportes jubilatorios, no reconocimiento de salario por hijo, descuentos por obra social sin aportes efectivos, horas extras obligatorias fuera de convenio y paulatina reducción del personal. De ciento veinte empleados solo quedaron treinta y cinco.
Ahora treinta trabajadores, aproximadamente, sostienen un acampe en la empresa desde hace tres meses con la intención de impedir que se lleven las máquinas, mientras realizan tratativas legales para favorecer una autogestión cooperativa, ya que se conserva materia prima y las instalaciones están en condiciones de producir. Denuncian haber sido amedrentados por gente utilizada por la patronal o por el sindicato.
La toma de los trabajadores despedidos comenzó en octubre pasado. En febrero se produjo la contratación de personal nuevo. Posteriormente, los obreros ingresaron a la planta y la pusieron a producir, bajo el nombre de Cooperativa Textil Quilmes, pero rápidamente se cortó el suministro de energía eléctrica. Ahora, esperan la ley de expropiación, a cargo de la Legislatura bonaerense, para volver al trabajo.
Uno de los dueños de la firma sería el docente Mario Federici, profesor de derecho constitucional en la Universidad de Buenos Aires. A quien, ironizan los trabajadores, el artículo 14 bis se le habría olvidado. Federico recibió un “escrache” en la puerta de su domicilio de la ciudad de Buenos Aires.
En el más que importante pasado industrial de Quilmes, las distintas ramas de la industria textil conformaron el sector fabril más dinámico, empleando a miles de trabajadores durante décadas, que poco a poco y de manera particular en los años 90’, comenzaron a quedar en la calle tras el violento cierre de fábricas motivado por feroces políticas de desmantelamiento del aparato productivo. Las actuales autoridades nacionales y locales suelen condenar ese pasado y expresarse en favor de la preservación de fuentes de empleo, mencionada como prioridad de sus gestiones. Las oportunidades para demostrar que “mejor que decir es hacer” están a la vista: un leve arbitraje favorable a la continuidad del trabajo, independientemente de quién obtenga el rédito político, puede generar contención social y estabilidad para decenas de familias, ya que una situación parecida presenta la empresa de confección de bolsas plástico Envases del Plata, ubicada en Bernal, a metros de la casa del ministro de Economía Carlos Fernández.
Por Ariel Kocik

