La salida abrupta de Sergio Neiffert, la purga inmediata de su estructura y la llegada de Cristian Auguadra expusieron una puja de poder dentro del oficialismo, mientras la SIDE atraviesa una etapa de transición bajo control político dividido entre Santiago Caputo y Karina Milei.
La SIDE atravesó una semana de movimientos bruscos, marcados por la caída de Sergio Neiffert y por una reconfiguración interna que dejó en claro que la disputa por la conducción del sistema de inteligencia sigue abierta. La salida del ex titular se produjo tras una acumulación de tensiones políticas, problemas operativos y un conflicto directo con Santiago Caputo. En paralelo, emergió con fuerza el nombre de Cristian Auguadra, un contador ligado al estratega presidencial, que tomó el control del organismo después de una purga que dejó afuera a 130 funcionarios.
Un ex integrante de la vieja central describió la situación con crudeza: “Esto funciona verticalmente y ‘compartimentarizado’. Cuando lo fraccionás en estructuras competitivas se arman mil bandas. Se están espiando entre ellos”. Ese diagnóstico reflejó el clima que se instaló después de que el organismo se dividiera en cuatro agencias a mediados de 2024, una reforma que generó roces internos, debilitó la estructura previa y derivó en un funcionamiento desordenado.
Dentro del oficialismo atribuyeron la caída de Neiffert a su “gestión débil”, pero también a una disputa política que superó los problemas administrativos. La llegada de Auguadra no solo expresó la influencia de Caputo. Su designación también contó con aval de Karina Milei, un dato que alimentó la lectura de que la conducción de la SIDE quedó bajo una doble tutela.
La secuencia que terminó con Neiffert afuera comenzó semanas atrás, cuando Auguadra y José Francisco Lago Rodríguez visitaron su casa para comunicarle la decisión política. Ese episodio reflejó la ruptura total de la relación con Caputo y marcó el inicio de un deterioro irreversible. A eso se sumaron reuniones de Neiffert con Karina Milei sin aviso previo, lo que generó suspicacias dentro del entorno presidencial.
El reemplazo se concretó de manera fulminante. A primera hora del miércoles, los empleados de la SIDE descubrieron que sus huellas dactilares no abrían las puertas. El mensaje fue inmediato: estaban despedidos. La depuración alcanzó a todo el equipo de confianza del ex Señor 5. Los trabajadores que conservaron su lugar coincidieron en que la estructura no cambiaría de manera profunda. Según uno de ellos, “todo va a continuar así, pero habrá que trabajar mejor”. Otro agente opinó que “había gente sin experiencia ni criterio; esto ordena”.
Fuentes cercanas a la Secretaría General de la Presidencia aseguraron que la SIDE ingresó en “una etapa de transición” que podría derivar en otro paquete de cambios en marzo. Desde ese sector manejan la hipótesis de que la reorganización futura buscará limitar la influencia de Caputo dentro del aparato estatal. Un dirigente con llegada a Karina Milei lo sintetizó de forma tajante: “Hoy prima la pax porque hay que sacar las reformas”.
La SIDE había recuperado su nombre original durante la gestión de Neiffert. En ese período se conformaron cuatro agencias: el Servicio de Inteligencia Argentino, la Agencia Federal de Ciberseguridad, la Agencia de Seguridad Nacional y Asuntos Internos. Auguadra condujo esta última antes de asumir como jefe de la estructura completa, y ahora enfrenta el desafío de estabilizar un organismo desgastado por internas y por fallas operativas.
La nueva conducción mantiene a los responsables de cada área, pero opera con un objetivo inmediato: ordenar sin modificar el organigrama central. Un ex agente lo explicó así: “El problema no era la institución, sino quienes no entendían dónde estaban”.
La pulseada política sigue abierta. El entorno de Caputo intenta instalar que la salida de Neiffert reafirmó su control sobre la inteligencia. Sin embargo, cerca de Karina Milei aseguran que la secretaria general ya había preparado un avance sobre la SIDE que no llegó a concretarse por completo, aunque sí se activó en otras áreas sensibles del Estado. Ese contraste expuso los límites del asesor presidencial en un gobierno donde las relaciones de poder cambian con velocidad.
El escenario actual deja a Auguadra frente a un desafío complejo. Asume un organismo que se depura pero no se reestructura, con agentes que sobrevivieron a todas las gestiones y con un clima interno donde las tensiones políticas influyen de manera directa. Llega con respaldo, aunque sin experiencia en inteligencia y sin autoridad consolidada frente a cuadros históricos. La pregunta que circula en los pasillos es inevitable: ¿evitará los errores de su antecesor o reproducirá el mismo desgaste que lo desplazó?
