En medio de una causa que puso bajo la lupa el manejo del dinero generado por la Selección argentina, Claudio “Chiqui” Tapia rompió el silencio y negó preocupación personal. La investigación judicial describió un circuito financiero paralelo con transferencias millonarias en el exterior.
Claudio “Chiqui” Tapia se refirió por primera vez a las denuncias que apuntaron al manejo de fondos de la Asociación del Fútbol Argentino y buscó bajar el tono de la polémica. El presidente de la AFA sostuvo: “Lo llevo tranquilo, no estoy imputado, nada”, y marcó distancia entre la causa judicial y su vida cotidiana.
Tapia afirmó que no percibió un rechazo social por las acusaciones y diferenció la cobertura mediática de la reacción popular. “Son dos realidades distintas, la de los medios y la de la gente”, expresó. Durante su paso por Mar del Plata, aseguró que recibió muestras de apoyo constantes y remarcó que el vínculo con el público se fortaleció tras la obtención del Mundial de Qatar 2022. “A donde voy es igual”, señaló, y agregó que esa respuesta representó “esta es la verdad” frente al ruido público que rodeó la causa.
El titular de la AFA explicó que las denuncias no alteraron su rutina personal ni familiar. “Con lo otro (las denuncias y acusaciones) no pasa nada”, afirmó, y sostuvo que su entorno más cercano contó con herramientas para atravesar el momento. En Punta Mogotes compartió encuentros con amigos y recibió la visita de funcionarios bonaerenses, entre ellos Carlos Bianco y Santiago Pérez Teruel, con quienes se tomó una fotografía a pedido propio.
Ese acercamiento se sumó a otros contactos políticos recientes. Tapia mantuvo reuniones con intendentes del peronismo bonaerense y reforzó vínculos con dirigentes con los que sostuvo una relación fluida desde hace años. En ese entramado apareció el nombre de Nicolás Mantegazza, presidente de un club que este año compitió por primera vez en la Primera C y que bautizó su estadio con el nombre del presidente de la AFA.
Mientras Tapia buscó transmitir calma, la investigación judicial avanzó con un nivel de detalle inédito. Documentos bancarios y registros judiciales obtenidos en Estados Unidos describieron un esquema que canalizó ingresos internacionales de la Selección argentina por fuera de las cuentas formales de la AFA. Según ese material, los fondos se concentraron en la empresa TourProdEnter LLC, radicada en Florida, que administró contratos y pagos de patrocinadores internacionales.
La pesquisa indicó que esa firma funcionó como una “caja central”. Desde allí salieron transferencias hacia sociedades offshore, intermediarios financieros y personas vinculadas a dirigentes, sin una separación clara entre gastos deportivos y otros destinos. El monto bajo análisis superó los 260 millones de dólares y abrió nuevas líneas de investigación.
La causa se originó tras una denuncia del empresario Guillermo Tofoni por conflictos contractuales vinculados a partidos amistosos. A partir de allí, los investigadores reconstruyeron movimientos frecuentes y de alto volumen entre 2023 y 2024. Entre los registros figuraron transferencias por millones de dólares a cuentas en Estados Unidos que nunca ingresaron al circuito bancario de la AFA.
Los documentos también expusieron envíos de dinero a sociedades radicadas en Bariloche, sin actividad comprobable, que recibieron decenas de millones de dólares. Otra parte del dinero financió operaciones ajenas a la administración cotidiana del fútbol, incluidos giros a personas sin vínculo contractual con la entidad y pagos por servicios de aviación privada y actividades náuticas.
El circuito incluyó transferencias destinadas a la compra del club italiano Perugia Calcio y el envío de 109 millones de dólares a un broker financiero en Montevideo. Desde ese intermediario aseguraron que las operaciones se ajustaron a la normativa vigente y que los fondos retornaron luego a cuentas locales de la AFA, según contratos preexistentes.
Para los investigadores, la fragmentación del dinero y su administración en el exterior dificultaron el control y la trazabilidad, una situación que contrastó con la información reflejada en los balances oficiales del organismo. La intervención de la Justicia estadounidense y del FinCEN permitió acceder a pruebas clave que pusieron en cuestión la transparencia del manejo de los recursos generados por la Selección argentina.
Así, mientras Tapia eligió minimizar el impacto personal de las denuncias, la causa judicial avanzó sobre una estructura financiera compleja que dejó bajo sospecha el control institucional del dinero más valioso del fútbol argentino.
