La posible designación de Fellner al frente de la Cámara baja le asesta un duro golpe al gobernador y al peronismo de Buenos Aires. Política de premios y castigos en la Casa Rosada.
“Fellner es la persona indicada para ejercer la titularidad de la Cámara de Diputados y, seguramente, lo vamos a acompañar con toda la lealtad y todas la ganas de trabajar que siempre ponemos”, subrayó, con la vehemencia de una confirmación, el diputado Carlos Kunkel, una especie de vocero del matrimonio presidencial en aquellos temas en que los Kirchner prefieren no inmiscuirse.
La inminente llegada del jujeño Eduardo Fellner a la presidencia de la Cámara baja confirma, una vez más, la política de premios y castigos implementada por la Casa Rosada en estos cuatro años, y desata un duro golpe para aquellos dirigentes que ven como sus sueños políticos se desvanecen.
Uno de los más castigados por el dedo oficial es el gobernador Felipe Solá, que ojea el horizonte y mira, furioso y perplejo, cómo el sillón más preciado de la Cámara de Diputados se esfuma hacia tierras norteñas.
Sucede que el gobernador bonaerense era, hasta ahora, uno de los números puestos para ocupar la presidencia de Diputados, un lugar estratégico en el toma y daca de la política. La historia marca que el preciado sillón fue siempre para el peronismo bonaerense.
De hecho, el saliente Alberto Balestrini coincidía la semana pasada con Solá, quien pedía hacer caso a la historia, casi como un pedido desesperado.
Claro, Balestrini mantenía, mientras tanto, encuentros con Fellner, y lo instruía sobre algunos pormenores del cargo.
“Está furioso, a las puteadas, pero tampoco hizo mucho para ocupar el cargo y, además, no resiste en la Cámara”, se sincera, lapidario, un hombre de la provincia de Buenos Aires que merodea los despachos oficiales platenses. Ahora, el futuro del gobernador parece estar atado al frente de una embajada en algún lugar del mundo, lejos de la política vernácula.
Se diluye así la posibilidad, remota por cierto, de cambiar la ley de ministerios y ubicar al ex secretario de Agricultura en un eventual Ministerio de Medio Ambiente, idea que nunca pasó por la cabeza del gobernador pero que fluyó por los pasillos mediáticos. La Secretaría de Medio Ambiente es, además, territorio del jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
Solá ya había sentido todo el peso del kirchnerismo en los finales del año pasado, cuando el duro golpe de Misiones acabó con su sueño reeleccionista. El mandatario apretó los dientes y acató la orden de Néstor Kirchner.
En aquel momento, Fellner sacó cierta diferencia del hombre bonaerense, cuando desistió de su reelección, luego del efecto Rovira, y puso sobre la mesa su fidelidad kirchnerista, que coronó en los recientes comicios presidenciales, donde le otorgó a Cristina un altísimo porcentaje de votos.
El castigo y el doble juego del kirchnerismo caen como una espada de Damocles encima del gobernador de la populosa Buenos Aires, así como cae también en la mochila de varios intendentes bonaerenses, que quedaron fuera del tablero K, como el histórico Manuel Quindimil.
En el reparto de poder, son muchos los heridos peronistas que se ven afuera del armado oficial. La ambulancia del pragmático ex presidente Eduardo Duhalde promete no dejarlos desangrar, y son cada vez más los que desfilan por el centro asistencial duhaldista situado frente a la Plaza de los Dos Congresos.
El retorno de Duhalde parece inminente, y la puja por el liderazgo del Partido Justicialista se avizora cruenta y despiadada.
Son varios, además, los caciques que muestran el fastidio contra las denominadas “colectoras”, el método ideado por la Casa Rosada para recaudar votos. Muchos salieron beneficiados, pero muchos otros fueron castigados.
Resta esperar cuáles serán los movimientos del peronismo bonaerense dentro de la Cámara baja, liderados por el diputado José María Díaz Bancalari. Nunca soportaron la idea de Solá al frente del Parlamento, pero imaginaron la Presidencia para algún peronista de Buenos Aires.
La elección de Fellner no será fácil de digerir por los hombres de la provincia de Buenos Aires, siempre dispuestos a cambiar de bando cuando el viento no los favorece. El futuro de Felipe Solá se torna incierto, y la relación con el kirchnerismo pende sobre un hilo.
