Si leemos apurados el nombre del entrenador de la selección argentina, asociado al pensamiento lateral, quizá podríamos imaginar que se trata de algún discernimiento sobre la posición de Montiel o Foyth sobre la banda derecha, o las proyecciones de Tagliafico o Acuña por la izquierda. Pero en este caso, no se trata de eso.
Por Fab Spina
El “Pensamiento Lateral” es una forma de organizar los procesos de reflexión o razonamientos, que busca una solución mediante estrategias o algoritmos no ortodoxos, que normalmente serían ignorados por un pensamiento lógico más llano o más frecuente. El término fue acuñado por un tal Edward de Bono, en su libro New Think, publicado en 1967.
Las hipótesis sobre lo que piensa y por qué decide lo que decide cualquier entrenador de la selección argentina, históricamente es analizada y debatida minuciosamente por los 45 millones de argentinos que habitan esta bella tierra.
La gestión de Lionel Scaloni, no es la excepción. Los debates y conjeturas se multiplican hasta el infinito en épocas de presentaciones de la albiceleste.
En los últimos tiempos, además de las típicas polémicas sobre los aciertos y errores individuales y grupales, hay reclamos más generales que caen sobre la espalda de Scaloni:
Al cabo de los treinta y pico de meses -entre interinato y confirmación- al mando de la selección, se le cuestiona la falta de certezas sobre Cuál es el equipo y Cuál es el esquema.
Haciendo alusión a que es muy común en la selección, no solo los cambios de nombres sino también los frecuentes cambios de sistemas. Juega con línea de cuatro, con línea de tres, línea de cinco, con dos delanteros, con tres, con doble cinco, con cinco posicional. Todas estas variantes se dan partido tras partido, e incluso durante el desarrollo de un mismo encuentro.
“¿A qué juega la selección?!!!” es el grito futbolero en estos días. En tiempos de pandemia y cuarentena, los debates no se dan en los bares, pero se abordan insistentemente en los medios, en las redes sociales, en los grupos de whatsapp.
En 1967 cuando el señor Edward de Bono escribió su libro, orientándolo a la psicología individual y social, el futbol se jugaba de formas bastante distintas a las que se juega hoy. Los equipos tenían una formación estable, y lo más habitual era que esa lista de nombres se repitieran durante todo el campeonato, incluso durante varios años. Los hinchas de cada equipo sabían los nombres de corrido. Propios y de sus rivales. Y los recitaban como poemas de Neruda, repitiendo hasta la métrica de los versos, con precisión en cada signo de puntuación.
Viniendo más acá en el tiempo, y enfocándonos en los entrenadores de la selección, encontramos al Coco Basile, quizá el último referente de la idea de “el equipo que sale de memoria”. Eso fue en el nuevo milenio, pero ya pasaron casi 15 años.
El futbol cambió. Mutó. Como casi todo. La dinámica de la vida es otra respecto al año 2007. Ni hablar respecto al siglo pasado cuando al comenzar un campeonato, de cada equipo se sabía la formación con exactitud, como si fuera la dirección de su estadio.
Yo no estoy en la cabeza de Scaloni, pero me atrevo a enarbolar una hipótesis, futbolizando el Pensamiento Lateral, que impulsa a producir ideas que estén fuera del patrón de pensamiento habitual:
Cuando preguntamos “¿A qué juega la selección?”, “¿Cuál es la formación?”, “¿Cuál es el sistema?”… y sentenciamos como un problema esa falta de identidad, me animo a repreguntar, ¿y si el DT no busca “una” formación, “un” sistema, “una” manera de jugar? ¿Y si la característica que busca potenciar es la capacidad de cambiar, adaptando los objetivos de acuerdo a los rivales y las diferentes necesidades?
Ejemplos de esta manera de no tener “una” manera, hay muchos en equipos de elite, sobretodo ingleses -la mejor liga del mundo- y en menor medida alemanes. En planteles largos, es común que los técnicos apelen a diferentes formaciones y diferentes planteos, radicalmente distintos unos de otros. ¿Será que Scaloni no está buscando responder nuestras preguntas en busca de certezas estáticas?
Me respondo, rápido y al pasar: si hace treinta meses que no para de cambiar, al menos parecería que esa dinámica no es algo que descarta.
Mientras tanto, la selección argentina marcha segunda en eliminatorias. Por ahora clasificando sin sobresaltos, y apostando a futuro con una larga lista de jugadores jóvenes y con buen nivel. Si exigimos funcionamiento, solidez y estabilidad, está claro que hoy no lo tenemos. Pero ¿los años entre mundiales no son el momento apropiado para buscar el camino?
El cambio generacional reclamado hace tres años durante el patético mundial 2018 está en pleno desarrollo.
¿Estamos para campeones? Parecería que hoy, no.
¿Podemos creer que hay futuro? No veo razones para creer que no lo hay.
Por ahora, podemos decir que lo sabremos en Qatar 2022. Incluso, con muchos jugadores menores de 25 años, hasta se puede pensar en mirar más allá.
