El jefe de Gabinete pidió la salida del secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología. El cambio consolidó una nueva distribución de poder dentro del Gobierno y dejó bajo la órbita de funcionarios cercanos a Diego Santilli organismos clave como ENACOM y ARSAT.
La reconfiguración del Gobierno nacional sumó un nuevo capítulo con la salida de Darío Genua de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, una decisión que, según distintas fuentes oficiales, impulsó el jefe de Gabinete, Diego Santilli. Aunque el desplazamiento ya quedó resuelto puertas adentro, la oficialización todavía espera la definición del reemplazante, por lo que ambas resoluciones se publicarán al mismo tiempo en el Boletín Oficial.
La salida de Genua no surgió de un hecho aislado. El cambio representó otro avance de la nueva conducción política sobre un área que hasta ahora conservaba influencia vinculada al entorno de Santiago Caputo, en medio de la reorganización interna que atraviesa la administración de Javier Milei.
Desde que asumió en julio de 2024, Genua convirtió a la Secretaría en un espacio central para la política tecnológica del Estado. Bajo su órbita quedaron temas vinculados con la transformación digital, la identidad digital, la ciberseguridad y la coordinación con organismos estratégicos como ENACOM y ARSAT.
Ese escenario comenzó a modificarse tras el desembarco de Santilli en la Jefatura de Gabinete. La reestructuración administrativa alteró el esquema de poder del área tecnológica y trasladó organismos de peso hacia otras dependencias.
Uno de los primeros movimientos afectó al Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM), que dejó de depender de la Secretaría de Innovación para responder directamente a la Jefatura de Gabinete. El organismo tiene bajo su responsabilidad la regulación del mercado de las telecomunicaciones, la administración del espectro radioeléctrico, la entrega de licencias y la supervisión de los operadores del sector.
El segundo cambio alcanzó a ARSAT, que pasó a la órbita de la Vicejefatura de Gabinete del Interior, encabezada por Gustavo Coria, uno de los hombres de mayor confianza de Santilli. Con esa decisión, la Secretaría perdió influencia sobre la Red Federal de Fibra Óptica, los servicios satelitales, el Centro Nacional de Datos de Benavídez y otros activos considerados estratégicos para el funcionamiento del Estado.
Fuentes oficiales señalaron que el alejamiento de Genua comenzó a definirse varias semanas antes de su salida efectiva. Sin embargo, distintas voces dentro del Gobierno sostuvieron que el trasfondo excedió la disputa política entre sectores del oficialismo.
En paralelo apareció un debate sobre el futuro del mercado de infraestructura de telecomunicaciones, un segmento que concentra contratos de gran volumen económico y controla componentes esenciales para el funcionamiento de las redes de comunicación del país.
Las empresas que operan esa infraestructura no acceden al contenido de las comunicaciones, protegido por la legislación vigente, aunque sí poseen conocimiento técnico sobre redes críticas y participan en la administración de sistemas considerados estratégicos.
En ese contexto surgieron diferencias sobre el rumbo que debería adoptar el Estado. Algunos sectores impulsan una mayor apertura del mercado para incorporar nuevos proveedores y ampliar la competencia. Otros funcionarios y empresarios consideran que cualquier modificación requiere un análisis cuidadoso debido al impacto que podría tener sobre servicios esenciales y sobre la seguridad de las comunicaciones.
Mientras tanto, desde la Casa Rosada evitaron confirmar la existencia de una decisión para modificar las reglas de acceso a ese negocio. No obstante, distintas fuentes reconocieron que la discusión forma parte de la agenda oficial y que la nueva distribución del poder influirá sobre las decisiones futuras.
La reorganización coincidió además con otra medida relevante. Durante julio, el ENACOM actualizó el régimen que regula el uso del espectro radioeléctrico, al reemplazar una normativa vigente desde 1995 por un esquema adaptado a los cambios tecnológicos. La reforma modificó el sistema de aranceles, redefinió categorías de servicios e incorporó nuevas modalidades de utilización del espectro.
Aunque esa actualización no alteró las condiciones de acceso a la infraestructura crítica, dentro del sector muchos la interpretaron como el primer paso de una revisión regulatoria más amplia, que podría extenderse a otros aspectos del negocio en los próximos meses.
Con este movimiento, la salida de Genua terminó de consolidar la concentración del control político sobre áreas estratégicas bajo la estructura de la Jefatura de Gabinete, en una reorganización que también redujo uno de los últimos espacios de influencia que conservaba Santiago Caputo dentro del Gobierno nacional.
