Estudiantes, docentes y exalumnos realizaron una nueva manifestación frente al histórico edificio de Don Bosco 47. Denuncian falta de respuestas del municipio y advierten sobre el impacto que tuvo el cierre en los talleres y la continuidad de las actividades.
La comunidad de la Casa de la Juventud de San Isidro volvió a movilizarse este miércoles frente al edificio de Don Bosco 47 para exigir definiciones sobre el futuro del espacio, luego de su cierre y reorganización impulsada por el municipio. La protesta reunió a estudiantes, docentes, exalumnos y vecinos que reclaman una solución concreta tras semanas de incertidumbre.
El histórico espacio, que funcionó durante 36 años como ámbito cultural y educativo, atraviesa un conflicto desde que se anunció el desarme de sus actividades en medio del cuatrimestre y, según denuncian desde la comunidad, sin instancias previas de diálogo con quienes participaban de los talleres.
Aunque parte de las propuestas fueron reubicadas en distintas sedes, quienes impulsan el reclamo sostienen que el traslado no resuelve el problema de fondo. Señalan que la Casa de la Juventud no era únicamente un conjunto de aulas, sino un espacio de encuentro, formación y construcción colectiva donde convivían distintas disciplinas artísticas y educativas.
Uno de los puntos que más inquietud genera es la situación del taller de fotografía analógica. Estudiantes aseguran que quedaron sin acceso al laboratorio fotográfico, con clases interrumpidas y sin certezas sobre el destino de materiales y equipamiento específico. También plantean dificultades para talleres que requieren infraestructura particular, como los de piano, por necesidades acústicas y técnicas.
Desde la comunidad remarcan además el valor simbólico y social que tenía el lugar. Durante más de tres décadas, el espacio fue escenario de muestras, proyectos interdisciplinarios y vínculos que trascendían la cursada formal. Para muchos asistentes, la identidad de la Casa estaba ligada justamente a esa convivencia cotidiana entre talleres y generaciones.
A esto se suma un problema logístico: la dispersión de actividades en diferentes puntos del distrito. Según advierten estudiantes y docentes, la nueva modalidad dificulta la asistencia, especialmente para quienes cursaban varias actividades el mismo día o dependían de traslados más simples. En ese contexto, también mencionan las complicaciones en el transporte local, especialmente por la situación de la línea 707.
El reclamo ya había llegado semanas atrás al Concejo Deliberante, aunque desde la comunidad aseguran que aún no obtuvieron respuestas institucionales. En paralelo, informaron haber reunido más de 1.300 firmas de apoyo y testimonios de vecinos, exalumnos y estudiantes que respaldan el pedido de recuperación del espacio.
“Defender la Casa de la Juventud es defender una comunidad construida durante décadas”, remarcan desde el colectivo que impulsa la movilización, mientras insisten en la necesidad de recuperar un lugar propio y adecuado para el funcionamiento integral de los talleres.

