Con respaldo de Macri, el diputado negocia un acuerdo con los libertarios mientras crece el malestar interno y amenaza una fractura liderada por el bullrichismo.
Cristian Ritondo enfrenta un escenario de alta tensión: por un lado, encabeza las negociaciones con el Gobierno para sellar un acuerdo electoral en la provincia de Buenos Aires de cara a las elecciones del 7 de septiembre, con el aval de Mauricio Macri. Por el otro, intenta sostener la unidad del bloque del PRO en Diputados, mientras crecen los rumores de una inminente ruptura impulsada por legisladores alineados con Patricia Bullrich.
Ambos frentes revelan una crisis estructural: el partido fundado por Macri intenta sobrevivir a un oficialismo que capitaliza el electorado de Juntos por el Cambio y amenaza con empujarlo hacia la irrelevancia.
La semana estuvo marcada por el descontento creciente en el PRO bonaerense, que denuncia una negociación desigual con La Libertad Avanza. «Se está cerrando un acuerdo indigno para el PRO y beneficioso para La Libertad Avanza. Si esto queda así, entonces, el PRO deja de existir. No es un acuerdo. Es una imposición», protestaron diputados amarillos ajenos a la mesa chica liderada por Ritondo. El macrismo quedó expuesto tras los reclamos de intendentes que se sienten desplazados de un eventual pacto con candidatos libertarios que ni siquiera los respaldan en sus concejos deliberantes.
El acuerdo con Milei relegaría a dirigentes que responden a Jorge Macri
El próximo jueves, Javier Milei encabezará un acto en La Plata acompañado por su hermana Karina, jefa política de Sebastián Pareja, quien lidera las tratativas bonaerenses por LLA. La consigna es clara: no ceder los primeros lugares en las listas y definir las candidaturas según las encuestas. Bajo ese criterio, el PRO queda en desventaja en la disputa por las listas en las ocho secciones electorales.
Además, el presidente no quiere incluir en el acuerdo a los dirigentes ligados a Jorge Macri. La principal perjudicada sería la intendenta de Vicente López, Soledad Martínez, aunque la exclusión alcanza a todo el grupo «jorgista». «Pretenden poner a alguien y no se puede”, aseguran desde LLA. En este escenario, Macri aparece corrido de las decisiones clave, aunque se le atribuye haber pedido a Ritondo «el acuerdo más digno posible». Sin embargo, en el PRO ya se resignan: «Los libertarios no quieren a Mauricio y tampoco al PRO».
De sellarse el pacto en los términos actuales, la alianza tendría forma de frente violeta con matices amarillos, en el que entrarían los dirigentes del PRO que ya buscan su lugar en LLA. Ritondo no habría logrado garantizar los espacios que prometió a cambio del respaldo político. «En Provincia el acuerdo se va a cerrar como lo quiso el gobierno», confió un dirigente bonaerense involucrado en la negociación.
Mientras tanto, hay sectores que eximen de responsabilidad a Diego Santilli y Guillermo Montenegro, argumentando que jugaron más libres y sin compromiso. No todos coinciden: para algunos, prácticamente ya se pasaron a LLA, en una estrategia silenciosa que se ampara en el respaldo social al oficialismo por la baja de la inflación.
Con el plazo de inscripción de alianzas fijado para el 19 de julio, los negociadores sostienen que el pacto bonaerense ya está sellado y será el modelo para futuros acuerdos. Pero si los jorgistas quedan marginados, será una señal de lo que vendrá en las elecciones legislativas nacionales del 26 de octubre, donde se anticipa otra derrota.
El mayor desafío futuro podría venir desde adentro: la ministra Patricia Bullrich evalúa una candidatura que, de concretarse, podría profundizar la crisis del PRO y debilitar aún más a Jorge y Mauricio Macri. Mientras tanto, el gobierno capitaliza el desorden opositor y aprovecha cada paso de la negociación bonaerense para marcar las condiciones de lo que parece ser una nueva etapa de sometimiento político para el macrismo.
