Luego de muchos meses hubo una foto en común entre el Presidente y la Vice. Al principio de la gestión se hablaban casi a diario y luego el diálogo se enfrío. El pasado 10 de diciembre tuvieron un encuentro a solas y el clima fue bueno. El Frente no se rompe, gobierna Alberto, y tensiona Cristina.
Por César Morielli
El pasado 10 de diciembre, con motivo del Día Internacional de los Derechos Humanos, el presidente Alberto Fernández y la vicepresidente Cristina Kirchner volvieron a tener un encuentro a solas y cara a cara luego de dos meses de intercambios de mensajes y sin los llamados casi a diario que se realizaban a principio de año.
En la ExESMA, en un acto con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, pudieron tener un apartado en una oficina durante cerca de 15 minutos. No se supo lo que conversaron en ese encuentro sin testigos. El distanciamiento entre ambos es una realidad, pero las razones o los alcances responden más a hipótesis incendiarias de algunos comunicadores que a otra cosa. El Frente no se rompe, gobierna Alberto, y tensiona Cristina.
Es real que tenían un vínculo cotidiano en la pre pandemia, que constantemente Cristina intenta influenciar en la agenda del gobierno y marcar el paso al presidente. Pero tampoco supera a los posibles intercambios sobre diagnósticos de lo cotidiano. Estas semanas la vicepresidenta tendrá intensa actividad parlamentaria presidiendo las sesiones en el Senado donde se buscará aprobar la Interrupción Voluntaria del Embarazo, y también la nueva fórmula para los jubilados.
La vicepresidenta tiene algunas diferencias con la gestión del presidente. Un claro ejemplo es el abordaje sobre la Justicia y la Corte Suprema. Alberto no desautoriza sus opiniones en público pero prefiere otra marcha a la hora de pensar renovaciones en el ámbito judicial. El tema es una urgencia para Cristina, acosada por múltiples causas.
Alberto Fernández ya recibió un borrador con sugerencias de 11 especialistas que recomiendan modificaciones en la Corte y el Poder Judicial, pero prefiere, por ahora, no avanzar demasiado. Sabe que hay otras urgencias. Tampoco quiere embestidas contra el máximo tribunal, un terreno donde Cristina ya mostró los dientes y dejo entrever que tiene herramientas para ir adelante desde el Senado. Además, vio con preocupación la ratificación de la condena a Boudou.
La carta que escribió Cristina hace algunas semanas fue interpretada como una invitación a la independencia de Alberto a la hora de tomar decisiones, sin tantas consultas al Instituto Patria. ¿Habrá sido ese el mensaje de la vicepresidenta? Para volver a mostrarse juntos, luego de un año sin fotos en común, fue Alberto quien levantó el teléfono para invitarla a la ESMA. El clima fue bueno.
Otro tema que genera algún roce es el vínculo de Alberto con el Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta. Esa relación tuvo algún roce cuando el gobierno decidió avanzar sobre la coparticipación porteña. Desde el kirchnerismo vieron incómodos las fotos de gestión conjunta en la pandemia, y viralizaron el mensaje: “Larreta es Macri”. En política no hay amigos ni enemigos, pero la diferencia en la estrategia política es clara. En la Rosada prefieren un abrazo de oso, y en el Patria construir un adversario.
Además aparece el tema económico. Desde el entorno de la vicepresidenta fomentaron la intervención en Vicentin y sacaron la Ley de Aportes Extraordinarios de las Grandes Fortunas que Alberto ralentizaba. En el kirchnerismo creen en el Ministro Martín Guzmán, pero no quieren ceder al ajuste que propone el FMI. Las reuniones de Alberto o funcionarios de la Rosada con importantes empresarios son vistas con recelo.
En sus redes sociales, para comunicar sobre el acto en la ExESMA, la vicepresidenta dejó un sugestivo párrafo para Alberto Fernández, a quien no mencionó por su nombre: “Usted presidente tiene una tarea muy dura porque a la pandemia de la economía macrista le sobrevino la otra pandemia, esta inédita que todavía ni siquiera sabemos cómo va a terminar. Hay que reconstruir una Argentina en la que, con sus dificultades y sus problemas, los argentinos y las argentinas vivíamos mucho mejor”. Pocas intenciones de priorizar políticas de mercado, apertura, sustentabilidad o con inclusión del sector financiero. Cristina quiere que la vara no apunte a los sectores más humildes y da a entender que la Economía debe conducirse con mano de plomo.
Hoy parece haber una intensidad diferente entre dirigentes que ofician como intermediarios entre ambos. “Funcionarios que no funcionan” parece haber alentado a muchos a mejorar las relaciones entre ministerios y allegados a Cristina en el Parlamento. En ese ida y vuelta ya se piensa, también, en el calendario electoral del año que viene, donde no se permitirá que “nos devoren los de afuera”.
