El maestro de la escuela de Kundalami Yoga brinda clases a los presos del servicio penitenciario de las unidades 46, 47 y 48 en el Camino del Buen Ayre. “Uno de los detenidos dijo que durante un rato se olvidó que estaba acá”, contó en Radio UrbanaBA. Quieren extender el programa al personal penitenciario.
Ram Krisham brinda clases de yogas los días martes en el penal de José León Suárez. Busca otorgar herramientas a los detenidos para que puedan enfrentar el stress y la opresión del encierro. Dialogó con Radio UrbanaBA y contó cómo nació la iniciativa.
¿De qué se trata este proyecto del yoga en las cárceles?
Ante una iniciativa personal y de otros compañeros instructores de yoga fuimos convocados para llevar nuestras herramientas de meditación, respiración y yoga para llevar nuestro trabajo a las personas privadas de su libertad. Era un objetivo nuestro desde hace mucho tiempo. Pudimos concretarlo, más allá de algunas conversaciones que tuvimos con el secretario de Derechos Humanos Claudio Avruj, donde no pudimos concretar pero de todas formas iniciamos el camino por nuestra cuenta. Es urgente la necesidad de la gente privada de su libertad que enfrenta un gran stress y una sensación de opresión.
¿Cómo surgió esta idea?
Confluyeron muchas cosas. Yo soy hijo de desaparecidos y tengo una predisposición especial para trabajar por los derechos humanos y por las personas privadas de su libertad. A partir de mi inclusión al mundo del yoga, siempre busqué servir en situaciones en las que la gente necesita y no puede pagar una clase. Es una especie de deporte caro y elitista. El objetivo con mi esposa siempre fue el de servir. Mi esposa comenzó con la fundación Mujer de Luz, en la Unidad 47 de mujeres, en José León Suárez. Allí también están las unidades 46 y 48. Decidimos expandirnos hacia los hombres. El Director del penal tuvo una muy buena recepción de la propuesta. Y la experiencia es increíble. Tenemos clases a las 10:30 los martes a la mañana, después del entrenamiento de boxeo. Están muy receptivos a la meditación y relajación. Hoy uno de los chicos dijo “qué bueno, durante este momento me olvidé que estaba acá”.
Sabemos que la pasan mal. Lejos de ser celdas de recuperación las cosas son más complicadas. ¿Qué pasa entre los que aceptan participar y los que no? ¿Hay un roce de cara a los otros presos que pueden mirar con burla o desprecio?
Seguramente. Esto todavía es una pequeña traba en algunas actividades. Pero nosotros leemos el público de alguna manera, y sabemos hacia qué situación llevarlos y qué situación evitar. Nuestra escuela de yoga es muy marcial. Tiene actividad física y respiración muy intensa, y es fácil de aceptar por los hombres.
¿En qué lugar dan las clases?
Es un área semicubierta, con un tinglado, en el mismo lugar donde entrenan boxeo. Hasta ahora el clima fue generoso con nosotros. Estamos buscando ubicación cubierta dentro del penal para extender el programa. Queremos llegar al personal penitenciario. Todos necesitan estas herramientas.
¿Qué características tiene el yoga que ustedes brindan?
Nuestra escuela es Kundalini Yoga. Entró a occidente en los años 60, con los maestros que vinieron de India. Se fue extendiendo, es instaló una corriente internacional. Y en Argentina estamos capacitando ya a la generación número 25. Es el llamado Yoga de la Conciencia.

