Cristina Fernández de Kirchner confirmó que será candidata a diputada provincial por la Tercera Sección Electoral bonaerense, un territorio clave donde el peronismo resiste como bastión histórico desde hace casi cuatro décadas. La decisión se da en medio de un nuevo capítulo de tensión entre el kirchnerismo duro y el gobernador Axel Kicillof, por la decisión de desdoblar las elecciones provinciales, que se realizarán el 7 de septiembre con lista sábana.
“La Tercera”, como la conocen en el universo político, es la región más poblada de la provincia de Buenos Aires y la que más bancas pone en juego en la Legislatura: 18 en total. Abarca a 19 municipios del sur del conurbano y concentra cerca de cinco millones de votantes, con epicentros como La Matanza y Lomas de Zamora, donde el peronismo suele cosechar más del 70% de los votos.
Desde 2005, el kirchnerismo ganó todas las elecciones en esta sección, incluso en momentos adversos a nivel nacional y provincial. En 2017, mientras Cambiemos triunfaba en Buenos Aires, Cristina Kirchner se imponía en la Tercera con el 44%. En 2019, el Frente de Todos rompió récords: 2.100.760 votos, el 40% de los que catapultaron a Kicillof a la gobernación.
Pese a las derrotas del peronismo en 2013, 2015, 2017, 2021 y 2023, la Tercera Sección se mantuvo leal. Sólo en 1997 —durante la caída del menemismo— fue superada por la Alianza, en una elección que terminó con la victoria de Hugo Guerrieri sobre Osvaldo Mercuri por apenas 59 mil votos.
La región incluye distritos clave como Quilmes, Avellaneda, Florencio Varela, Esteban Echeverría, Ezeiza, Almirante Brown, Berazategui y Lanús, recuperado en 2023 por Julián Álvarez. Excepto Lobos y Magdalena, todos están bajo administración peronista, desde intendentes tradicionales como Juan José Mussi hasta figuras de La Cámpora como Mayra Mendoza.
La candidatura de CFK en la Tercera vuelve a marcar distancia con el gobernador Axel Kicillof, que impulsa el desdoblamiento electoral. Mientras el entorno de Kicillof argumenta que es una necesidad técnica por la implementación de la Boleta Única de Papel (BUP) a nivel nacional, Cristina lo considera un error político y pone como ejemplo la elección porteña que ganó Jorge Macri.
La disputa se cuela en una interna que divide a los intendentes del conurbano entre dos polos: el armado de Kicillof y la conducción de Máximo Kirchner en el PJ bonaerense.
La fuerza del peronismo en la Tercera no es solo simbólica. En municipios como La Matanza, González Catán y Virrey del Pino, Cristina ha superado el 70% de los votos en circuitos donde sus rivales no alcanzan el 20%. Lo mismo ocurre en Almirante Brown, Berazategui y Lomas de Zamora, donde el mapa electoral se tiñe de azul oscuro elección tras elección.
Para este año, se esperan nuevas dinámicas. En Lomas, por ejemplo, el circuito más grande fue subdividido por la Justicia Electoral en seis más pequeños, buscando una mayor cercanía entre el votante y su lugar de sufragio.
Un pasado de voto bronca
No todo fue hegemonía. En 2001, en pleno estallido social, el voto bronca marcó las legislativas. Solo en La Matanza hubo más de 110 mil votos anulados o en blanco, lo que los ubicó como segunda fuerza detrás del PJ. En toda la sección, los votos anulados y blancos superaron incluso a los de la Alianza, entonces partido de gobierno.
La postulación de Cristina en su trinchera más fiel reconfigura el mapa electoral del peronismo bonaerense. Mientras Milei agita la interna opositora y Karina Milei niega su propia candidatura, la expresidenta apuesta por volver a la Legislatura provincial en el corazón del conurbano.
En el bastión donde el kirchnerismo nunca perdió, todo indica que volverá a dar pelea.

