El Gobierno eliminó por completo los aranceles a celulares y otros electrónicos importados. La medida buscó ampliar la oferta y forzar una baja de precios, pero el sector advirtió que el traslado al consumidor no resultó automático ni proporcional.
Desde este jueves, los celulares importados, los televisores y las consolas de videojuegos ingresaron al país con arancel cero, tras una reducción escalonada que comenzó en mayo. El Ejecutivo presentó la decisión como un paso más en su estrategia de normalización de precios y apertura del mercado tecnológico, en un contexto en el que la Argentina mantuvo valores elevados frente a otros países de la región.
El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró la eliminación total del tributo y afirmó en redes sociales: “Seguimos cumpliendo con el compromiso de bajar impuestos y facilitar el acceso a la tecnología para todos los argentinos”. El objetivo oficial apuntó a sumar marcas, ampliar modelos disponibles y elevar la competencia.
Sin embargo, en el sector comercial y entre los importadores aparecieron dudas sobre el impacto real de la medida en los precios finales. La baja del arancel no despejó otros costos que siguieron vigentes y que pesaron fuerte en el valor que pagó el consumidor.
Las empresas señalaron que continuaron activos el 21% de IVA, el 9,5% de impuestos internos, además de tasas municipales y otros cargos. A eso se sumaron el tipo de cambio, los costos logísticos, el financiamiento y los márgenes comerciales. Según fuentes del rubro, esos factores explicaron por qué la quita del arancel no derivó en una baja inmediata ni uniforme.
También influyó la mercadería que ya estaba en tránsito. Muchos importadores abonaron los aranceles por adelantado en compras realizadas semanas atrás. Por ese motivo, estimaron que el efecto pleno de la medida recién apareció cuando se renovaron los pedidos.
Algunos jugadores del mercado se anticiparon. Desde MacStation indicaron que la quita del arancel ya formó parte del esquema de precios del iPhone 17 desde su lanzamiento. “La decisión fue adoptada desde el inicio de su comercialización para alinear los precios locales. No resulta necesario aplicar reducciones en esta instancia. El ajuste ya se hizo para ayudar a acceder a valores más competitivos desde su llegada al mercado”, explicaron.
En la misma línea, desde Maximstore remarcaron que el consumo no se frenó a la espera de la baja. “En el consumidor individual no impacta tanto, sí influye más en empresas, que requieren equipos para clientes corporativos. Fue fuerte la demanda del iPhone 17. Hubo poca oferta a nivel mundial y eso repercutió en la Argentina, no así en Uruguay, a donde llegó más stock”, señalaron. La firma reforzó promociones y planes de cuotas, y sostuvo que se adelantó a algunas bajas por la expectativa de menores costos de reposición.
El mercado local ya venía de un ajuste. La electrónica cerró 2025 con una baja promedio de precios del 15%, empujada por una avalancha de importaciones y un consumo debilitado. Ese escenario forzó a los comercios a acelerar descuentos para mover stock. Un ejemplo fue el Motorola E14/E15, que pasó de $199.000 a $169.999. Además, se consolidó el ingreso de marcas chinas como Tecno, Infinix, Oppo y Realme, junto con el regreso de Huawei.
A ese cuadro se sumó un factor externo que puso presión en sentido contrario. El avance de la Inteligencia Artificial disparó una escasez global de memorias, insumo clave para la fabricación de celulares. Luis Galli, CEO de Newsan, advirtió que “hay una suba de precios internacional por la crisis mundial de memorias por la demanda de la industria de IA”. También alertó: “Es el principal insumo de celulares y no se sabe cuándo se ve a solucionar. Algunas marcas internacionales no tienen en claro si van a tener el supply que necesitan”.
Pese a la quita de aranceles, la brecha de precios con el exterior siguió abierta. Según la Cámara de Mayoristas y Distribuidores de Informática de la Argentina, los productos tecnológicos se consiguieron afuera con valores hasta 30% más bajos en promedio. Aunque la distancia con Chile se achicó por su devaluación, persistieron diferencias superiores al 60% en algunos casos.
Un iPhone 17 Pro Max de 256 GB se vendió en la Argentina a US$ 2.229, mientras que en Chile costó US$ 1.757. La diferencia alcanzó el 27%. El contraste fue mayor en otros modelos: un Samsung Galaxy S25 FE se ofreció en el mercado local a US$ 1.216 y en Chile a US$ 736,92, una brecha del 65%. Incluso en la gama media, el Motorola G35 5G mostró precios más bajos del otro lado de la cordillera.
La eliminación total de los aranceles abrió un nuevo escenario para el sector, pero no garantizó por sí sola una baja generalizada. El efecto final quedó atado a variables internas y externas que siguieron condicionando el precio de la tecnología en la Argentina.
