Los gobiernos nacional, provincial y porteño analizan encarar una etapa de 15 días con endurecimientos en los controles. En los territorios del conurbano saben que la medida es de imposible cumplimiento. Celos con las flexibilizaciones de la Ciudad y ruidos en la comunicación con el oficialismo.
El domingo 28 de junio termina una nueva etapa de la cuarentena. En estas horas, el presidente Alberto Fernández, el gobernador bonaerense Axel Kicillof y el Jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, definen cómo se continuará en la próxima etapa. El crecimiento exponencial de contagios encendió las alarmas en los mandatarios y en el comité sanitario que los asesora. La mayoría de las voces son coincidentes: hay que endurecer la cuarentena.
Sin embargo, en el conurbano, los intendentes parecen no estar en sintonía con esa decisión a pesar de que intentarán respetar lo que decida el poder central. ¿O no? El correr de los días y la cotidianeidad en cada territorio dará el veredicto final.
Los jefes saben que pedirle a los vecinos que redoblen el esfuerzo a 100 días de cuarentena es de imposible cumplimiento. Además entienden que la situación en las barriadas populares no se va a modificar, más allá de las directivas que baje el poder político. En las zonas vulnerables nadie puede hacer cumplir las normas sanitarias y la vida en los asentamientos es prácticamente la misma que sin cuarentena.
Una de las decisiones que se comunicará desde la Quinta de Olivos este fin de semana seguramente será un endurecimiento en los controles, y un acotamiento de la oferta del transporte público para que solamente pueda transitar personal de actividades esenciales. Los intendentes saben que la multiplicación de casos no se produjo por la flexibilización de comercios e industrias, sino por la conglomeración de personas en el transporte público. No quieren ponerse el traje de “comisarios” que salen a clausurar negocios, y temen que la nueva etapa genere una imagen negativa del Ejecutivo local con el vecino y contribuyente. En definitiva, con el electorado de cada municipio.
Los caciques del AMBA saben que a duras penas se pudo cumplir la cuarentena en la primera etapa. Hoy es imposible presionar mucho más. Incluso, algunos responsabilizan al porteño Rodríguez Larreta, ya que muchos ciudadanos trabajan en comercios de Capital Federal que pudieron flexibilizar. Piden que la Ciudad intensifique los controles de transporte público.
El principal temor de los alcaldes es que conocen al detalle la oferta de su sistema sanitario. En algunos lugares aún no se comenzaron a usar los respiradores y las terapias intensivas tienen margen para seguir en esta fase durante algunas semanas más. Creen que el endurecimiento debe ser el último recurso previo al colapso de la oferta de salud.
Además, hay cierta incomodidad en quienes tuvieron que aportar estructura y recursos propios para contener la pandemia, mejorar el sistema sanitario, y comprar insumos y alimentos. De fondo aparece una cuestión política y es probable que sientan que su voz es una de las menos escuchadas a la hora de tomar definiciones.
Para los mandatarios es difícil explicar a sus vecinos porque al lado, en la Ciudad, hay tantas flexibilizaciones y libertades que los bonaerenses no gozan. Y en cada gabinete cae mal que desde la Rosada sus reclamos tengan poca repercusión. Tampoco en los encuentros virtuales que mantienen con Kicillof y su gabinete.

