Eso es lo que ante la vista de todos pareció, un gran show en el cual el actor principal deshojaba una margarita diciendo; ‘renuncio me voy’, ‘no renuncio me quedo’, mientras los actores secundarios observaban con extrema atención qué palabras caían en el último petalito. ¿Qué sucedió? ¿Sería de plástico esa margarita?
Por suerte resultó 'me quedó', aunque en realidad jamás se había ido. Obviamente me refiero a la renuncia declinable del Presidente del Concejo Deliberante, Jorge Molina, pero más allá de este culebrón quilmeño, se hizo la paz, primó la cordura y el diálogo floreció (no olvidemos que está por llegar la primavera).
Porque el Concejo Deliberante debe ser eso, el ámbito para parlamentar, discutir y dialogar, aún ante las mayores disidencias. No se debe tener en vilo a la ciudadanía y mucho menos por falta de parlamento entre quienes tienen la responsabilidad que les confirió el pueblo, a través de su voto, de sancionar ordenanzas y distintas disposiciones municipales, por supuesto siempre en beneficio de los vecinos.
En el caso del Ejecutivo, el señor intendente es quien tiene la enorme responsabilidad, entre sus cuantiosas funciones, de ejecutar las ordenanzas y demás reglamentaciones sin interferir en las decisiones que adopten los concejales.
Eso si señor presidente ¡tenga ojo! yo sé porque se lo digo.
En esta oportunidad felizmente salió todo muy bien y los compañeros lo respaldaron, es indudable que lo estiman mucho, pero por favor no se descuide porque un edil se quedó con las ganas de estrenar el traje.
Por María Elisa Ezquerra
Presidenta U.C.R.
Quilmes

