«No somos una tercera vía«. La frase, repetida entre los integrantes de Provincias Unidas, refleja una postura de quienes buscan mantener protagonismo dentro de un espacio que nació hace apenas dos meses, pero que ya apunta a disputar la presidencia en 2027. Pese a esa definición, varios referentes reconocen que no es un mal comienzo haber quedado terceros en su primera experiencia electoral.
Las diferencias internas, sin embargo, son menores frente a las tensiones y las ambiciones que se despliegan entre los gobernadores y dirigentes que componen el armado. Durante el acto realizado el miércoles en Obras Sanitarias, fue el gobernador santafesino, Maximiliano Pullaro, quien volvió a remarcar el objetivo de construir un frente federal. El mandatario provincial, uno de los más aplaudidos por la militancia radical convocada por Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti, eligió bajarse por ahora de la carrera presidencial, aunque su entorno no descarta un futuro replanteo.
El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, también emerge como figura clave dentro de Provincias Unidas. Con el respaldo de Juan Schiaretti, su antecesor, el cordobés busca nacionalizar el modelo de gestión que domina su provincia desde hace dos décadas. En el acto, sorprendió al citar con énfasis a Raúl Alfonsín como «héroe de la patria», un gesto que le valió los aplausos de un público mayoritariamente radical.
Pese a compartir una visión común, Llaryora y Pullaro conducen sus proyectos por separado y representan a los dos distritos más influyentes del frente en términos económicos y políticos.
Desde la Patagonia, el chubutense Ignacio Torres suma su propio peso. Aunque evita admitirlo públicamente, el dirigente del PRO tiene aspiraciones presidenciales. Su discurso apunta a construir una alternativa al kirchnerismo y también al actual gobierno de Javier Milei, pero con límites claros respecto a ciertos acuerdos impulsados por Schiaretti. Torres mantiene distancia de Lousteau, Randazzo y Ocaña, y prefiere respaldar en la Ciudad de Buenos Aires a Ricardo López Murphy, en sintonía con Mauricio Macri, con quien comparte afinidad política.
En lo comunicacional, el gobernador de Chubut se maneja con autonomía, lo que genera algunos roces dentro del espacio. En Provincias Unidas conviven dirigentes provenientes de Juntos por el Cambio, del cordobesismo y hasta de sectores con pasado kirchnerista, una diversidad que a veces dificulta la coherencia del discurso común.
«Estamos tratando de mostrarnos como una alternativa diferente y el acto en Obras lo abren tres funcionarios con pasado K como Randazzo, Ocaña y Lousteau», comentó en diálogo con el portal Clarín uno de los dirigentes críticos hacia la apertura de alianzas porteñas y bonaerenses.
Otros gobernadores también buscan posicionarse. Gustavo Valdés, que dejará el gobierno de Corrientes en diciembre, pretende ganar influencia dentro del radicalismo nacional e incluso aspira a suceder a Lousteau en la conducción partidaria.
Carlos Sadir, en tanto, intenta construir identidad propia en Jujuy más allá de la figura de Gerardo Morales, mientras que Claudio Vidal, de Santa Cruz, mantiene un rol más distante y ya faltó a varios encuentros recientes del frente federal.
Provincias Unidas, aún en etapa de definición, intenta proyectarse como una nueva referencia política. Su desafío es lograr cohesión interna entre liderazgos con intereses personales, pero con un objetivo común: llegar con fuerza competitiva a las presidenciales de 2027.
