Mauricio Macri busca retener su influencia en la Ciudad de Buenos Aires mientras el oficialismo nacional avanza con un plan para disputarle el territorio. La interna del PRO, el distanciamiento con Milei y la postura de la UCR complican las alianzas de cara a un año electoral marcado por tensiones y estrategias cruzadas
La administración de Javier Milei ha generado desafíos para todas las fuerzas políticas, y el próximo año se podrán evaluar las estrategias que cada espacio implementó para enfrentarlos. Mauricio Macri, con intenciones claras de competir, busca preservar el liderazgo en la Ciudad de Buenos Aires, aunque el oficialismo nacional ha ideado un plan para disputar ese territorio. En un contexto marcado por las alianzas provinciales, las tensiones y las contradicciones estarán más expuestas que nunca, y muchos sectores deberán maniobrar con cautela para no perder terreno ante el avance de la derecha.
En la Ciudad de Buenos Aires, aún no se ha definido una estrategia electoral precisa, pero una alternativa sería separar las elecciones locales de las nacionales para proteger el control de la Legislatura porteña. Si esta idea prospera, Jorge Macri se alineará sin fisuras con su primo, Mauricio Macri, a pesar de los rumores sobre su relación más cercana con el círculo de Milei.
En los últimos tiempos, Mauricio Macri ha acumulado el rechazo de algunos dirigentes que solían estar bajo su influencia. Este descontento, más personal que ideológico, ha impulsado una estrategia para poner fin a 18 años de dominio macrista en la Ciudad. Aun conscientes de esta amenaza, en el PRO no están dispuestos a ceder el liderazgo de la Capital Federal a otra fuerza política.
Desde la perspectiva del ex presidente, el primer año de gobierno de Milei no arroja resultados positivos. A pesar de ciertos éxitos, como la aprobación de la ley Bases y el sostenimiento de vetos con el respaldo del PRO, el oficialismo no ha logrado mejorar los ingresos ni reactivar la economía, más allá de los ajustes macroeconómicos.
En el PRO confían en que las demandas económicas insatisfechas se sumen a las críticas por las formas de gestión del gobierno y su falta de respeto hacia las instituciones. Por este motivo, decidieron dar quórum al pedido de Unión por la Patria para expulsar a Edgardo Kueider del Senado.
El macrismo está molesto no solo por las falencias de gestión del gobierno, sino también por la falta de reconocimiento hacia el rol del PRO en el sostenimiento de la gobernabilidad. La falta de mesas de diálogo y de inclusión en decisiones clave ha profundizado ese malestar.
En cuanto a la Ciudad, existe la posibilidad de reeditar Juntos por el Cambio, aunque los términos y los actores aún no están definidos. En una entrevista, el legislador de la UCR Francisco Loupias habló de las “incertidumbres propias de la coyuntura”, pero expresó su esperanza de formar “un espacio lo más amplio posible, en el marco de la representación que queremos lograr”.
Por ahora, la UCR mantiene su negativa a aliarse con los libertarios en la Ciudad. Jorge Macri tampoco parece dispuesto a desobedecer a Mauricio Macri, lo que dificulta cualquier acuerdo con La Libertad Avanza. Además, la falta de respaldo del gobierno nacional hacia el porteño, incluso en temas como el Presupuesto, indica una relación más conflictiva que cooperativa.
Este distanciamiento podría facilitar nuevas negociaciones con antiguos aliados. Como señaló Loupias, “el radicalismo de la Ciudad de Buenos Aires tiene muy en claro en qué espacios políticos nunca va a estar. Entendiendo que tenemos la obligación de generar una alternativa que seduzca a la mayoría de los ciudadanos, pero sin perder la identidad que nos caracteriza”.
El año no ha sido sencillo para la UCR. El bloque se fracturó en Diputados, y el sector más cercano a Milei se quedó con el nombre histórico del partido, mientras que los opositores se vieron obligados a cambiar su sello, pese a conservar el control del Comité y la Convención Nacional. Además, algunos dirigentes radicales se sumaron al gabinete de Milei, lo que evidencia la diversidad de estrategias en distintas regiones del país.
Aunque en varias provincias la UCR podría negociar con los libertarios, en la Ciudad esa posibilidad está descartada. Corrientes será la primera prueba electoral bajo la presidencia de Milei, y el gobernador Gustavo Valdés podría sumar libertarios a su espacio, si las circunstancias lo permiten.
La interna de la UCR correntina, postergada en varias ocasiones, finalmente se celebrará el 22 de diciembre. Ricardo Colombi no se presentará, cediendo su lugar a la senadora Alejandra Seward. Se espera que Valdés gane las elecciones partidarias y asuma el liderazgo del Comité, posicionándolo para tomar decisiones de cara a los próximos comicios provinciales.
En Corrientes, La Libertad Avanza podría postular al diputado Lisandro Almirón como candidato. Sin embargo, fuera de la capital provincial, su influencia es limitada. Por ahora, el oficialismo local no enfrenta una oposición con un candidato fuerte para disputar la gobernación, lo que le da margen a Valdés para sumar aliados libertarios, siempre que estos estén dispuestos.
La coalición gobernante en Corrientes es amplia, con 33 partidos, algunos de los cuales podrían resistirse a una alianza con Milei. Sin embargo, su escaso peso electoral podría llevarlos a aceptar acuerdos políticos si no tienen otra opción.
En cuanto al PRO, una facción ya respalda a Valdés, mientras que otra espera instrucciones de Patricia Bullrich y Mauricio Macri. La estrategia del macrismo será diversa, y el resultado dependerá de la decisión de Valdés: si opta por postularse a la intendencia capitalina o por una banca en Diputados nacionales.
