El oficialismo no encuentra candidatos fuertes. Las encuestas miden mal para los nombres en danza. Sin embargo hay buenos sondeos a la hora de plebiscitar la gestión. Vidal y Macri tendrán que ponerse la campaña al hombro para batallar contra el alto nivel de conocimiento de Cristina, Massa o Randazzo.
Por César Morielli
En diez días se deben definir los candidatos para las elecciones legislativas de este año. En Cambiemos hay una gran diversidad de opiniones. Es que los sondeos no aportan certezas y el proyecto político se sostiene, en el público, en los nombres de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. Una obviedad a la hora de pensar en el presidente y la gobernadora de turno, pero también es cierto que detrás de ellos siempre aparecen funcionarios o dirigentes carismáticos, con nivel de conocimiento y de gran proyección entre el electorado. Los dirigentes del oficialismo no logran traspasar los límites del núcleo duro. Y eso es un problema a la hora de proponer candidatos a toda la ciudadanía.
El ministro de Educación Esteban Bullrich es uno de los posibles candidatos para encabezar la formula como Senador en la provincia de Buenos Aires. Hace rato su nombre suena fuerte. Adquirió notoriedad durante los meses del conflicto docente. Pero también sembró antipatías. Y entre los analistas de Cambiemos se queda a mitad de camino: No es popular, no es carismático, y no tiene grandes logros para mostrar.
Este fin de semana se difundió una encuesta de Analogías que muestra datos similares a los de todas las consultoras. Bullrich queda muy lejos de los candidatos de otras fuerzas. Sin embargo, cuando las mediciones reemplazan el nombre propio por una alternativa que exprese “el candidato del gobierno de Macri y Vidal”, los números cambian y se disparan. Conclusión: el electorado que votó a este gobierno está dispuesto a repetir pero no hay nombres de peso que arrastren votos.
En el gobierno hay internas. Cada cual buscará imponer su postura para hacer valer su opinión en el esquema de poder. Y también defender sus convicciones. Algunos quieren a Bullrich y otros no. ¿Quién define estos lineamientos en Cambiemos? La estructura política del gobierno no parece responder la lógica de selección autoritaria entre una y dos personas. Las deliberaciones se van a estirar entre una multiplicidad de voces. Puede sonar plural, pero quién gana internamente si el resultado es favorable y quién pierde si las urnas son reacias.
La gobernadora Vidal es una de las personas de peso que está en contra de la candidatura de Esteban Bullrich. Sabe que deberá ponerse la campaña al hombro y transmitir el mensaje a la ciudadanía cara a cara. La postulación del Ministro de Educación la obliga a redoblar esfuerzos. Además no es un hombre de su cercanía. La mandataria es de las que alienta una heterogeneidad de candidatos con referentes jóvenes y con poco prontuario para dejar en claro la idea del “cambio”.
La titular de ACUMAR Gladys González va a ser candidata. Aún no se definió si acompañando en la fórmula de Senadores o integrando la lista en diputados. Para la cámara baja será propuesto seguramente el neurocientifico Facundo Manes.
En la apertura a otros espacios, Héctor “Toty” Flores también tiene lugar asegurado. Ya se lo vio junto a Vidal y Macri en actos de gestión. Es un guiño a Elisa Carrió.
También la hormiguita, Graciela Ocaña, selló su incorporación a Cambiemos y podría integrar alguna lista, en la Ciudad de Buenos Aires o en Provincia.
Sin embargo, ninguno le hace sombra en las mediciones a candidatos fuertes como Massa, Stolbizer, Cristina, Scioli o Randazzo, que tienen altísimos niveles de conocimiento en la ciudadanía. El gobierno tiene una sola opción definida: abordar al electorado con la idea de que esta elección es “para profundizar el cambio o para volver al pasado”. La idea de profundizar la grieta.
