Por Christian Gauna
Desde que nací, vivo en San Fernando y vi crecer a la ciudad de primera mano. Creció como lo hicieron muchas ciudades del conurbano: a los ponchazos, como se podía, al ritmo de la necesidad de los vecinos y de las industrias, más que como resultado de una planificación seria y sostenida en el tiempo.
El problema es que esa lógica no solo fue herencia del pasado: se sostuvo. Y hoy pagamos las consecuencias. San Fernando crece pero no se planifica. Se habilita, se recauda, se anuncia, pero no se ordena. Y gobernar no es solo cobrar ABL ni inaugurar obras aisladas, es definir hacia dónde se va.
Hoy vemos tensiones que podrían haberse evitado: tránsito colapsado en determinadas zonas, industrias conviviendo sin criterios modernos junto a áreas residenciales, servicios que no acompañan el ritmo del crecimiento y vecinos que sienten que las decisiones se toman sin previsión.
¿Cómo se ordena una ciudad que sigue creciendo sin reglas claras?
¿Cómo se planifica el uso del suelo cuando todo se resuelve caso por caso?
¿Cómo se garantiza que el desarrollo productivo no choque con la vida cotidiana de los vecinos?
Ordenar no es frenar el crecimiento. Es justamente lo contrario: es hacerlo de manera inteligente, con reglas claras y previsibilidad. Es tener un plan urbano actualizado, discutir el código, pensar la movilidad, anticipar el impacto de cada habilitación y equilibrar la relación entre producción y calidad de vida.
Con Agustina Ciarletta creemos que San Fernando necesita dar ese debate sin miedo. Es momento de replantear seriamente la convivencia entre zonas residenciales y áreas productivas. El desarrollo industrial es clave para generar empleo, pero no puede avanzar sin planificación ni controles claros que protejan a los vecinos.
Una ciudad moderna no es la que más anuncios hace. San Fernando necesita planificación, reglas claras y una gestión que gobierne pensando en los próximos 20 años, no en la próxima foto.
