Aunque hoy no figura como candidata, Pilar Ramírez gana peso en el esquema de Karina Milei y fortalece la estructura libertaria en la Ciudad. La salida de Manuel Adorni y las dudas sobre Patricia Bullrich reabrieron el debate por el liderazgo porteño de cara a 2027
Sin ocupar hoy un lugar en la carrera por la Jefatura de Gobierno porteña, Pilar Ramírez se transformó en una de las dirigentes más influyentes del esquema de poder de Karina Milei en la Ciudad de Buenos Aires. Con escasa trayectoria política previa, la legisladora pasó a ser la encargada de consolidar la estructura libertaria en el distrito donde La Libertad Avanza busca disputar el liderazgo que históricamente concentraron el PRO y el peronismo.
En el oficialismo descartan, al menos por ahora, que Ramírez sea la candidata para suceder a Jorge Macri. Su tarea, aseguran, es otra: fortalecer la organización porteña, ordenar el espacio y garantizar que la agenda impulsada desde la Casa Rosada tenga una traducción política local.
Por eso, su figura no gira alrededor de una postulación electoral, sino de una misión más amplia: sentar a los libertarios en la mesa donde se negocian gobernabilidad, recursos y poder en la Ciudad, un ámbito que hasta hace poco estaba reservado al PRO y al peronismo.
La estrategia, por ahora, dio resultados. A diferencia de otros distritos, La Libertad Avanza dejó de ser en la Ciudad una simple marca nacional con votos porteños para convertirse en un actor del sistema político local. Buena parte de esa transformación lleva la impronta de Ramírez.
La representante de Karina Milei en la Ciudad
El ascenso de la legisladora comenzó después de la ruptura entre Karina Milei y Ramiro Marra, quien junto a Eugenio Casielles había integrado el núcleo fundador del espacio libertario porteño.
Con el corrimiento de Marra —que terminó expulsado del partido— y la pérdida de influencia de Casielles, Ramírez pasó a ocupar un lugar central en la conducción política de La Libertad Avanza en la Ciudad.
Su crecimiento fue vertiginoso y no respondió al recorrido clásico de un dirigente partidario. Llegó a la política de la mano de Javier Milei, aunque ya contaba con experiencia en el sector privado y en una empresa pública como Aerolíneas Argentinas. Esa combinación le permitió familiarizarse rápidamente con los códigos de la gestión y de la política porteña.
En pocos años dejó de ser una dirigente de bajo perfil para convertirse en los ojos y los oídos de Karina Milei en la Ciudad.
La construcción territorial libertaria
Su principal desafío fue darle a La Libertad Avanza una estructura propia y permanente en el distrito. La Ciudad había estado dominada durante dos décadas por el PRO, con el peronismo como principal oposición. La irrupción libertaria alteró ese esquema y comenzó a reflejarse en la Legislatura, en las comunas y en las negociaciones políticas.
Bajo la conducción de Ramírez, el espacio avanzó en la construcción territorial, sumó presencia en las comunas y empezó a participar de las conversaciones que ordenan la política porteña. Aún está lejos del despliegue del PRO o del peronismo, pero ya dejó de ser una fuerza ajena al sistema local.
Ese cambio también se refleja en su red de vínculos. En su entorno aseguran que mantiene diálogo con Jorge Macri, con el operador judicial Daniel Angelici, con el senador Mariano Recalde, con la legisladora Claudia Neira, con el dirigente Juan Manuel Olmos y con sectores del larretismo, en especial con Emmanuel Ferrario.
Además, cultiva una buena relación con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, con quien compartió recorridas y actividades durante el último año. Esa capacidad de diálogo con distintos sectores del oficialismo y de la oposición amplió su peso político.
La incógnita electoral
La paradoja es que, aunque en La Libertad Avanza insisten en que Ramírez no está hoy en la mesa de los candidatos, el escenario porteño empezó a mostrar una dificultad para los libertarios: todavía no aparece una figura propia indiscutida para competir por la Jefatura de Gobierno.
Manuel Adorni había surgido como una posibilidad tras su triunfo legislativo, pero su caída modificó el panorama. Patricia Bullrich conserva un alto volumen electoral en la Ciudad, aunque su vínculo con los hermanos Milei atravesó momentos de tensión.
Ese vacío no convierte automáticamente a Ramírez en candidata, pero sí alimenta versiones sobre el rol que podría jugar en el armado electoral de 2027. Su importancia radica, sobre todo, en ordenar la transición entre la construcción territorial y la candidatura que finalmente decida impulsar el espacio.
Poder antes que candidatura
En el oficialismo sostienen que la discusión sobre 2027 todavía no pasa por definir nombres. La lógica es más pragmática: todo crecimiento de La Libertad Avanza en la Ciudad es una ganancia política.
Si el espacio compite con candidato propio, podrá medir su fuerza y consolidar una identidad local. Si termina acordando con el PRO, llegará a esa negociación desde una posición mucho más sólida que la de años anteriores.
En cualquiera de esos escenarios, Ramírez aparece como una pieza clave. No parece enfocada en construir una candidatura personal, sino en acumular poder para que el partido llegue mejor posicionado a cualquier negociación futura.
Esa lógica ya se vio cuando Karina Milei la utilizó circunstancialmente como armadora nacional durante la campaña del año pasado, tras desplazar a Lule Menem, y también cuando su nombre circuló como posible reemplazo de Manuel Adorni en la Jefatura de Gabinete. En ambos casos volvió rápidamente a concentrarse en la Ciudad.
Por eso, Pilar Ramírez ocupa hoy un lugar singular dentro del universo libertario: no está en campaña para ser jefa de Gobierno, pero ordena el espacio, construye territorio, negocia con actores clave y acumula poder en un distrito donde el PRO ya no monopoliza la representación de la centroderecha.
Es, por ahora, la dirigente que no aparece como candidata, pero que puede influir decisivamente en cualquier acuerdo futuro por el control político de la Ciudad de Buenos Aires.
