Luego del acuerdo con el ministro de Economía, algunas empresas que se habían comprometido a no aumentar, los precios, avisaron que pasarán listas con subas de hasta 20 %.
El ministro de Economía, Sergio Massa, llegó para estabilizar al Gobierno y al Frente de Todos. Un ítem importante para modificar es el alza de los precios: con la inflación de 7 % en agosto, el principal desafío del tigrense está en bajar ese número de cara a un 2023 que será difícil para el oficialismo. Sin embargo, a pesar de que el titular del Palacio de Hacienda calmó las aguas con su arribo a la cartera más caliente del país, las empresas todavía siguen «remarcando» precios en áreas muy sensibles como los alimentos y la vestimenta.
En agosto, Massa encabezó en el Palacio de Hacienda una reunión con ejecutivos de empresas de consumo masivo, en una mesa de negociación que tuvo como eje a los planes de producción de las compañías para los próximos meses, la perspectiva de importaciones de insumos y la puesta en marcha de una nueva etapa en los programas de Precios Cuidados. El Gobierno pidió «compromiso» a las empresas, entre las que estaban Molinos, Arcor, Mastellone (La Serenísima), Coca Cola, Unilever, Quilmes y Procter and Gamble, entre otras, quienes se comprometieron a ayudar a moderar los precios en medio la crisis social y económica de la Argentina.
No obstante, a pesar del acuerdo, casi la mitad de las compañías mandaron subas de precios a los grandes supermercados y las cadenas del interior de hasta 20 por ciento, muy por encima de la inflación. ¿Qué se tomó como referencia? El precio de la gaseosa Coca Cola, que tuvo una suba de, incluso, mayor a ese número. También, se vieron subas importantes en los productos de la Molinos: justamente, en la reunión del expresidente de la Cámara de Diputados, junto al secretario de Comercio, Matías Tombolini, fue una de las empresas que se comprometió a no subir abruptamente los valores.

En el caso de Quilmes, la empresa subió más en línea con el compromiso de no pasar los límites de precios generales, y reportó un alza de 6 puntos. Con el resto de las empresas, entre ellas Arcor, Unilever y PyG, el asunto empezó a pasar fuera de los grandes supermercados. Los mayoristas y comercios de cercanía aseguran que hubo subas muy fuertes y que los porcentajes son variables. Hay un dato no es menor: los grandes supermercados, en los que el Estado llega con controles, representan sólo el 25 % del consumo general nacional. Por lo que el control tendría que ser mucho más exhaustivo.
En el Gobierno creen que esta suba de precios es excedida. En el último tiempo, no hubo un aumento exponencial de los combustibles, tampoco hay retraso en el precio de los productos que salieron de Precios Cuidados o saltos cambiarios que incrementen costos en dólares. Por eso, creen, es «una locura» lo que está pasando con el incremento en los principales productos de las góndolas. Es decir, la negociación de Massa.
En la cabeza del exintendente de Tigre está la idea de que en enero o febrero la inflación se estabilice en torno al 4 %. Para eso, observan en Hacienda que será fundamental que septiembre sea el inicio de camino a la baja, pero esa situación no se está viendo si se toman como referencia los cálculos privados. Pero el dato que incomoda al oficialismo es que, según la consultora Ecolatina, los primeros 15 días de septiembre se registró un 7,3 % de inflación. O sea: en vez de bajar, el índice está más cerca de los dos dígitos que de ir a la baja.

Pero el mayor problema del índice es que está apalancado por la conducta de dos sectores que el Gobierno no sabe cómo frenar: el textil y el de la producción de alimentos. En el IPC GBA de Ecolatina se ve que Indumentaria aumentó 17,7 por ciento en la primera quincena de septiembre, mientras que Alimentos y Bebidas quedó en 6,4 por ciento. En el mes, hay además un peso fuerte del aumento de tarifas, que carga subas de 7,8 por ciento.
El problema para el Frente de Todos está en que, a partir de octubre, empiezan los tres meses de mayor consumo en el sector de los alimentos -y de los bienes en general-. Es que, con la cercanía de las fiestas, los productos empezarán a tener una mayor demanda por parte de la sociedad, lo que llevará que, por inercia, los precios suban indefectiblemente. Esto sumado a que, hasta el momento, la inflación galopante no frena. Y las empresas que, a pesar del guiño tras la llegada de Massa, se comprometieron a colaborar, desde el Gobierno advierten que no es así.
