La presidente del PRO intenta capitalizar el vacío político que hoy existe en Juntos por el Cambio. Además de Macri y Pichetto, sumó a un aliado inesperado: Alfredo Cornejo. Del otro lado, Frigerio y Monzó comienzan a construir un espacio de «centro».
La ex ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, viene teniendo una importante exposición publica. Es, sin lugar a dudas, la dirigente macrista que más veces recurrió a salir en diferentes medios de comunicación con un solo objetivo: criticar, en fuertes términos, la gestión de Alberto Fernádez. «La democracia está en peligro», deslizó en más de una oportunidad, expresando su descontento por la cuarentena «más larga del mundo».
En un contexto de pandemia, donde la cuestión sanitaria marca la agenda y el presidente cuenta con una imagen positiva mayor del 80%, se vislumbra un vacío de poder en la oposición para aquellos que no poseen ningún cargo publico. La consecuencia de ese hueco político fue la ramificación de diversos sectores de la colación Juntos por el Cambio: el ala dura y los dialoguistas.
La presidenta del Pro encabezaba el primer grupo, con aliados en silencio como Mauricio Macri y Federico Pinedo. Miguel Ángel Pichetto se alista atrás de Bullrich, con algunas apariciones mediáticas también.
El segundo grupo lo lideran Emilio Monzó y Rogelio Frigerio, quienes buscan, a través de un perfil más bajo, poco mediático y en conferencias de Zoom, una construcción de «centro», más pragmática y dialoguista. Ya mencionaron que dentro de la arquitectura de un eventual cuadro político, los nombres Larreta, Vidal y Lousteau serían los indicados.
El radicalismo también se bifurca y a Patricia Bullrich se le sumó un aliado inesperado para muchos: Alfredo Cornejo. Ambos coinciden en que las fotos de Rodríguez Larreta con el presidente Alberto Fernández, aunque sea para anuncios vinculados al coronavirus, «confunden al electorado» y «desdibujan» a la oposición.
Con la misma lógica, el titular del Comité Nacional de la UCR podría atraer a correligionarios como Gustavo Valdés, Gerardo Morales y Rodolfo Suárez. Ellos también marcan diferencias con la Casa Rosada, y aseguran que el jefe de gobierno porteño está «atado» a la suerte de la Casa Rosada.
La pata radical sería crucial para legitimar a un sector que da manotazos de ahogado en una coyuntura que no los favorece. El PRO intenta adueñarse de un capital político que parece estar vacío: el opositor. Por ahora, los resultados son truncos.
Patricia Bullrich, con importantes aspiraciones políticas, tomó el toro por las astas y pretende ser quien encabece la inexorable reconfiguración de Juntos por el Cambio. Macri acompaña desde el silencio. Por ahora, sus mayores obstáculos parecen estar más adentro que afuera del cuadro opositor.
