Gobernadores, Intendentes y hombres del gobierno apuntan al Secretario General de la Presidencia por su “desmanejo” con los Movimientos Sociales. Ya no aguantan a D`Elía o Pérsico. Le ofrecieron manejar Aerolíneas Argentinas, pero se negó y quedó en la cuerda floja.
Por César Morielli
Alguna vez fueron los representantes de las clases marginadas y más necesitadas. Durante la génesis del kirchnerismo se transformaron en los estandartes del discurso progresista y cuasi revolucionario que propuso el patagónico para calar hondo en las clases medias, que vieron como las formulas tradicionales del neoliberalismo les quitó de un plumazo los ahorros y las ilusiones de mediados de la década del 90 para acá. Gozaron del reconocimiento de gran parte de la ciudadanía en el auge de las Asambleas Vecinales luego de la huída de De La Rúa. Recibieron la prebenda duhaldista y, a fuerza de planes sociales, ayudaron a “acomodar” los números de la Economía.
Los piqueteros, en particular, y el movimiento como fenómeno, en general; sufrieron grandes mutaciones en muy pocos años. Hoy en día, luego de casi 130 jornadas de guerra contra el campo, marchas, disputas en la Plaza, actos, declaraciones incendiarias, y liturgia que ya huele “antigua” para el grueso de la sociedad, estos referentes pasaron a ser repelente político. Ya no se los ve como líderes populares, sino como engranajes necesarios para la maquinaria kirchnerista.
Muchos intendentes, gobernadores y dirigentes aguantaron la participación de los piqueteros en la nueva era K, respetando el verticalismo obligatorio del PJ. Pero la situación llegó a un punto en el que estos actores fueron apuntados como los culpables de la derrota en las calles, en el Congreso, y del enojo popular. Una vez que el juego empezó a meterse con su “capital electoral”, la bronca se desató contra un solo hombre: Oscar Parrilli.
El secretario General de la Presidencia es quien controla y financia –por ordenes del ex Presidente- el andar de estas agrupaciones. A él responden directamente y por eso se los ve a varios tan sueltos de cuerpo chocando, incluso, hasta con el ex hombre fuerte del gobierno, el renunciado Jefe de Gabinete Alberto Fernández.
“Por los D´Elía, los Pérsico y los Tumini, a Parrilli lo quieren linchar”, graficó una fuente inobjetable de Casa Rosada.
Los pasillos hablan, y rumorean cosas sobre Parrilli. Las quejas llegaron incluso a los oídos de Cristina Fernández. El eco de la disputa responde que el funcionario quedó en la cuerda floja.
Cristina le habría ofrecido a Parrilli la presidencia de Aerolíneas Argentinas. El halcón kirchnerista, presente desde los tiempos fundacionales, rechazó el convite. Intuía que lo “ascendían” para correrlo.
Una vez que el funcionario rechazó la oferta, la Presidenta le habría dicho: “Esta bien, quedate donde estás”. Mezcla de enojo -se parece bastante a un reto materno- e indiferencia –seguro que a la mandataria no le da lo mismo- lo cierto es que Parrilli será observado con lupa por estos días. Por un lado, debido a su “desempeño” político; a sus acciones y su pericia para manejarse en tiempos de crisis. Y por otro lado, gracias a la paranoia imperante en el matrimonio K. Desde su mirada, en estas horas proliferan los tibios, los halcones, y los traidores. ¿Dónde caerá la ficha de Parrilli?
