Su ascenso constante permite imaginar a DelPo en la lucha pareja junto a los mejores del ranking en 2017
Es tuya, Juan. Del Potro besa la réplica de la Copa Davis que quedará en su poder.
No es que se peque de triunfalista. No es (solamente) el logro todavía caliente, en una Zagreb ahora sí bien fría, el que invita a mirar hacia adelante y observar con marcado optimismo el futuro inmediato de Juan Martín Del Potro. Con 28 años, el tandilense combina en este momento su enorme experiencia en el circuito, una madurez construida en la adversidad, talento natural para jugar al tenis y un físico privilegiado para la alta competencia. Con un ojo puesto en lo que puede producir y otro clavado en la actualidad del circuito ATP, no es descabellado imaginarlo luchando en el corto plazo por el número uno del mundo. Así de alocado como suena.
En 2009, cuando se coronó en el cemento de Nueva York, Delpo trepó hasta el quinto lugar del ranking mundial. Y llegó a ser cuarto a comienzos de 2014, en la primera de sus dos reapariciones fenomenales. Pero entonces el techo parecía bastante claro. Un elegante muchacho suizo, un tal Roger Federer, peleaba palmo a palmo con uno espa- ñol, no tan elegante pero ballador incansable. Un tal Rafael Nadal. Novak Djokovic ya insinuaba que estaba listo para dar el gran salto y Andy Murray se debatía contra su propia inestabilidad, pero daba señales. Y por las dudas acechaban los del segundo pelotón. Primero Andy Roddick, Jo-Wilfried Tsonga, Nikolay Davydenko y Fernando Verdasco, que no tenía miedo. Después Stan Wawrinka, David Ferrer, Richard Gasquet... La sensación, por entonces, era que la mejor versión de Del Potro tendría que batallar semana a semana para estar a la altura de los otros. Superarlos parecía una quimera.
A las puertas de 2017, el panorama parece otro. Federer y Nadal iniciaron el lento descenso desde la cima. Djokovic, imbatible hasta hace unos meses, entró en una meseta de desmotivación y de dudas. Wawrinka pega un golpe y falla tres. Nishikori no termina de dar un impacto grande. Y a Murray, hoy número uno indiscutido, viene de darle dura batalla, cansado y todo, en Río, y de ganarle en Escocia. Puede ser Milos Raonic, con las canchas lentas como talón de Aquiles. A Marin Cilic, acaba de verse, sabe ganarle, y Dominic Thiem y Nick Kyrgios todavía están un poco lejos.
Sin dificultades de adaptación a las distintas superficies, menos desgastado que los de su generación por los parates conocidos, con el saque y la derecha intactos y un espíritu de pelea ya probado, ilusionarse con más no parece descabellado.
Juan Martín Del Potro ya le ganó a todo y a todos. ¿Por qué no?
“Me gustaría ser el número uno del mundo”, dice en un video un chico medio ronco de 16 años y mucho pelo. Años después, por ahora el ranking lo muestra en el 38° puesto. Vienen tiempos de toma de decisiones: el armado de la temporada y la conformación de un equipo de trabajo, imprescindible si la idea es intentar el gran salto. Todo eso se puede conseguir.
Lo otro, lo que viene de fábrica - potencia, facilidad, garra, corazón
Delpo lo tiene. Acaban de comprobarlo aquí en Zagreb Ivo Karlovic, Marin Cilic y miles de argentinos todavía disfónicos.
