El FMI confirmó que aprobó un nuevo endeudamiento por US$20.000 millones. No dio precisiones sobre el cronograma de diseños ni sobre las condiciones que impone el acuerdo.
La situación financiera global volvió a golpear a los países con economías más vulnerables. Argentina, entre ellos, se apresuró a cerrar un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El anuncio coincidió con una jornada marcada por la tensión: el dólar blue trepó a $1.340, el MEP llegó a $1.376 y el contado con liquidación alcanzó los $1.368. El riesgo país aumentó a 978 puntos básicos.
El FMI confirmó que aprobó un nuevo endeudamiento por US$20.000 millones. No dio precisiones sobre el cronograma de diseños ni sobre las condiciones que impone el acuerdo. El Ministerio de Economía busca que una parte significativa del monto llegue de inmediato. “Si Caputo quería más dinero ahora, debía flexibilizar el dólar lo antes posible”, señalan desde el Fondo.
El organismo tampoco explicó qué tipo de cambio exigirá para liberar los fondos. El dólar oficial seguía en $1.046, con una suba mensual del 1%, muy por debajo de la inflación. Esa brecha afectó la competitividad, frenó las exportaciones, aceleró las importaciones y generó una constante pérdida de reservas. La presión cambiaria dejó al país sin capacidad para cumplir con el FMI y con los bonistas.
El nuevo préstamo generó dudas entre los países que integran el directorio del Fondo. Aunque EE.UU. y la Italia de Meloni apoyaron el acuerdo, otras potencias lo observaron con reservas. China, Japón y los países europeos cuestionaron el impacto del nuevo proteccionismo norteamericano, y el vínculo entre Milei y Donald Trump no ayudó. Brasil, tradicional aliado argentino dentro del FMI, aguantó su postura después de los reiterados ataques del presidente argentino a Luiz Inácio Lula da Silva.
El Gobierno dijo que usará parte del préstamo para cancelar Letras con el Banco Central. Afirmó que eso no aumentará el endeudamiento total, pero los especialistas advirtieron sobre una contradicción. Si las Letras no representan una deuda real, entonces su cancelación no reduce la deuda. Tampoco mejora la situación del Banco Central, ya que “esas Letras no son un activo que el Banco Central pueda convertir en plata de verdad”.
El Tesoro esas emitieron Letras a cambio de dólares que el Banco Central entregó para pagar deuda. Como ambos forman parte del Estado nacional, se trata de una operación interna. “Al consolidar, no son más que asientos contables”, explicó un economista. En cambio, las deudas con el FMI y con acreedores externos sí son obligaciones reales.
El préstamo no se destinaría a cubrir el déficit fiscal, al menos en forma directa. Según datos oficiales, el Tesoro registró superávit en el primer bimestre. Sin embargo, omitió incluir los intereses de títulos públicos en manos privadas. Con esos pagos, el rojo fiscal habría alcanzado entre 4 y 5 billones de pesos, cifra mayor a la de 2021 en términos reales.
La deuda en pesos siguió creciendo. Durante los primeros dos meses del año aumentaron unos 14 billones. Esa expansión permitió que el Tesoro se financiara sin acudir al FMI para cubrir el déficit actual. Pero el Gobierno quiere dólares por otro motivo: estabilizar el tipo de cambio hasta las elecciones.
El plan sería vender divisas a un precio más bajo del que luego se deberá pagar. En marzo, las reservas internacionales bajaron US$3.000 millones. El superávit comercial se achicó y el déficit de servicios siguió en alza. “Los precios de gran parte de los bienes nacionales que compiten con los extranjeros están caros, medidos en dólares oficiales”, advirtió un analista.
Mientras las importaciones subieron más del 30% interanual, muchos argentinos salieron al exterior a consumir. La situación se recordó a otros ciclos de atraso cambiario, como los de Martínez de Hoz, la convertibilidad o el final del gobierno de Macri. Todos terminaron con una fuerte devaluación.
Decir que esta vez será distinta, porque no hay déficit fiscal, implicó dos engaños. «Por un lado, porque sí hay déficit fiscal. Por otro lado, porque la escasez de dólares depende de la oferta y demanda de dólares», sostuvo un especialista. Aunque falten pesos, si los bienes y servicios extranjeros resultan más baratos, la presión sobre el mercado cambiario se mantendrá.
El uso del préstamo determinará el impacto del acuerdo. Si el Gobierno lo destina a pagar capital de deudas externas, el saldo neto no crecerá. Pero si usa los dólares para pagar intereses, el pasivo aumentará. El problema, en ese caso, no será el préstamo, sino la falta de superávit externo que impide financiar los pagos con recursos genuinos.
La experiencia de la convertibilidad demostró que no se puede equilibrar la economía con la deflación. En 2001, el consumo se desplomó más del 12%, pero los precios bajaron apenas el 1,5%. En ese contexto, el “blindaje” firmado por De la Rúa en 2000 prometió una asistencia de US$ 20.000 millones. El acuerdo actual repite ese esquema. La diferencia está en si se usará para salir de la crisis o para prolongar la agonía.
