En Lanús y en Quilmes se viene una disputa de territorio que ya es un forcejeo por los símbolos. Referentes más bien transversales, como Díaz Pérez y Gutiérrez intentan hacer pie definitivamente en el peronismo. Duhalde evitaría la pelea “a todo o nada” en una interna que es el juego de sus rivales, pero apunta al 2009.
Por Ariel Kocik
El 27 años Intendente de Lanús, Manuel Quindimil, tuvo conceptos duros para el kirchnerismo. “Muchos de quienes hoy gobiernan, fueron aquellos mismos que echó el General Perón de la Plaza de Mayo, por eso hoy están intentando disfrazarse de peronistas”, señaló a un medio local.Lo que no quitó que, antes de su derrota en manos de Díaz Pérez, el mismo Manolo dijera: “El compañero Néstor Kirchner está impulsando una política transformadora, él sabe que yo estoy a su lado, como estoy al lado de todos ustedes, con la gente de bien, no como los traidores, que dicen una cosa y hacen otra, esos que manchan la memoria de Evita”.
Lecturas del momento, que le dicen. Lo cierto es que en el homenaje a Evita del 22 de agosto aseguró que intentará “que ningún pseudo-peronista intente apropiarse de las banderas justicialistas”. José Pampuro sonó como candidato a disputarle el sello local del partido. Quindimil es uno de los llamados “históricos del peronismo”, identificado con el aparato bonaerense que ¿fue? de Duhalde. Al igual que otros, se siente parte de una ortodoxia a la que se contraponen los llegados al peronismo en otros tiempos, como los años 70’. Si bien en las buenas se habla de una Unidad bajo el amplio abanico partidario, en las malas estallan las disputas. Con ayuda del discurso instalado desde arriba, parece revivir otra vez una pelea de 30 años atrás.
No faltan en Lanús los que dicen que Díaz Pérez era llamado como “el zurdo” en el entorno del viejo cacique, así como en Quilmes no faltan quienes acusan a Francisco Gutiérrez de “no ser un peronista”, como lo cree un miembro del Concejo Deliberante más ligado al anibalismo. “Menos de dónde viene”, señala. Hay referencias al supuesto trote por el carril izquierdo del “Barba” Gutiérrez. Se alternan los homenajes a figuras nada “ortodoxas”, como los fusilados de Trelew, con menciones a los símbolos más aglutinadores. Por eso Gutiérrez se refiere al “peronismo de Evita”, suerte de empate entre los reclamos transformadores de su núcleo puro y la necesidad de tener el aval partidario.
Díaz Pérez tendría un panorama todavía más complicado si se enfrentara al ex aparato que gobernó Lanús durante añares, allí donde tanto se hablara de clientelismo, cacicazgos y hasta reinados. En su caso, cuenta con el apoyo de Pampuro, a quien Quindimil pareció responsabilizar de su derrota. Y también allí, se habla de recibir a “manolistas” porque “no todos hicieron las cosas mal”.
Quilmes, en cambio, tiene la “ortodoxia” dispersa. Nadie lo negará a Camaño como parte de la misma, y hoy apoya al emergente Gutiérrez con su importante estructura. También lo apoya el sindicato de los municipales.
El espacio del diputado Gurzi también lo hace, pero sin chocar con el “anibalismo” que lo cobijó. Villordo no conseguiría el apoyo suficiente para dar la pelea local y sus eventuales reemplazantes todavía no levantan vuelo. Pero el duhaldismo estaría jugando otras cartas en el sur bonaerense, tal vez minimizando una interna propuesta desde el oficialismo nacional, pero reclutando heridos para otra batalla cercana. Villaverde, Quindimil e incluso Villordo tomarían nota. Duhalde quiere vaciarles la interna para que el Kirchner y Balestrini no le ganen a nadie. Resta por definir las posiciones ambiguas. El peronismo de ambos lados de Quilmes todavía se reivindica como leal al oficialismo K, pero también de ambos lados tiene figuras que compartieron un camino con el caudillo de Lomas de Zamora. Por el lado del anibalismo, la figura de Villordo mantiene el perfil bajo. Entre los nombres que se barajan figura el de algún miembro del Concejo Deliberante, y el hijo de un dirigente del club Quilmes.
El colega Martín Caparrós ironizó la interna general justicialista: “El peronismo, al final, es el 60: una línea de colectivos que en realidad son muchas. Todas tienen el mismo color, el mismo número, pero una va a Tigre, otra a Escobar, una va por Ayacucho, otra por Libertad.” Un poco de humor en tiempos de varieté político, cuyos armados en el Sur del conurbano guardan cajas de sorpresas y finales abiertos.
Por Ariel Kocik

