El economista consideró que el mensaje del ministro fue inoportuno y señaló que el aumento del costo del dinero puede complicar el frente inflacionario.
El economista Orlando Ferreres analizó la batería de medidas desplegadas por el Gobierno nacional para frenar la suba del dólar en los últimos días y señaló que la reacción oficial respondió más a una urgencia táctica que a una estrategia planificada. “Empezaron a sobrar los pesos porque las LEFI ahora las tiene el Tesoro”, explicó, al referirse a la desactivación de esos instrumentos que habían sido absorbidos por el Tesoro con el respaldo del préstamo del FMI. Ferreres advirtió que los vencimientos generaron “mucha liquidez” en el mercado, y que en ese contexto se produjo el llamado del ministro de Economía, Luis Caputo, a comprar dólares.
“No fue oportuno el momento donde Caputo dijo eso, porque en ese momento se dio la suba que decían que no iba a haber”, sostuvo el economista en dialogo con Urbana BA, en referencia al impacto que tuvo el mensaje oficial sobre la cotización de la divisa. El dólar informal superó los $1.350 antes de la intervención oficial que combinó ventas en el mercado de futuros, reactivación de los pases pasivos y licitaciones de deuda. Según el Banco Central, la operación alcanzó un volumen histórico de casi 3.000 millones de dólares en futuros.
Ferreres reconoció que parte del excedente monetario también se intentó neutralizar con otros instrumentos: “Esas LEFI fueron también arregladas con pases pasivos y otras letras del Tesoro que son a corto plazo, pero que subieron la tasa de interés e hicieron frenar al dólar”. Según su lectura, la combinación de estas herramientas logró contener parcialmente la escalada: “Entonces bajó el dólar y a los paralelos un poquito”.
El economista definió la intervención como “un pragmatismo por parte del Gobierno”, y consideró que fue “prácticamente la única salida que tenían”. En ese sentido, justificó la decisión de subir las tasas pese a sus efectos colaterales: “Fue necesario para frenar esta situación, sobre todo cerca de las elecciones. Porque esto podría traer como consecuencia algún aumento, no digo mucho, pero algún aumento en el índice de inflación”.
Con la tasa de pases a un día en 36%, Ferreres puso el foco en el impacto que esto tendrá en las decisiones de los bancos y en la economía real: “Se frenó la corrida del dólar pero subió muchísimo la tasa de interés. Ahora hay que ver qué pasa con los plazos fijos y si los bancos lo van a aumentar o no. Eso no es bueno para parar la inflación”.
El Gobierno, según Ferreres, eligió la opción menos riesgosa para el corto plazo, pero no necesariamente la más conveniente: “Yo prefería que suba un poco el dólar a que suban las tasas de interés. Pasa que el Gobierno no quiere arriesgar mucho frente a las elecciones que están a la vuelta de la esquina”.
Las declaraciones de Ferreres se produjeron en un contexto de alta volatilidad y tensión cambiaria. La eliminación de las LEFI inyectó 15 billones de pesos al sistema, de los cuales 10 billones pasaron a la base monetaria. La respuesta oficial, lejos de transmitir certidumbre, reveló la fragilidad del esquema de estabilización. A medida que el Banco Central recurrió a herramientas de absorción con tasas cada vez más altas, creció la percepción de que la política económica navega sin anclas firmes. Ferreres, sin embargo, evitó dramatizar el escenario, aunque dejó en claro que la gestión económica enfrenta sus propios límites.
