En este período post eleccionario la ruptura parece ser el denominador común tanto para Unión Pro como para el ACyS. Lejos de fortalecerse gracias al resultado de los comicios las diferencias internas y la lucha por el liderazgo han hecho mella en las alianzas opositoras. Son tiempos de “reacomodamiento” y definición.
Disgregación y quiebre. Si hay algo que caracterizó a este período pos eleccionario son las diferencias cada vez más acentuadas al interior de los bloques opositores. Poco queda ya de las uniones triunfantes que supieron llevarse la victoria el 28 de junio pasado.
Motivos más motivos menos, lo cierto es que las principales alianzas que el electorado votó como alternativa al oficialismo, mostraron a poco de pasados los comicios los primeros indicios de quiebre.
En el caso del Acuerdo Cívico y Social hace rato que la ruptura es un hecho. En la legislatura bonaerense el ARI formalizó esta semana su independencia como bloque, que se denominará ARI-Coalición Cívica y actuará en interbloque con el GEN-Coalición Cívica. El socialismo quedará unido a esta última fuerza en Diputados (donde será GEN-Coalición Cívica-Partido Socialista) y todavía no está confirmado si pasará lo mismo en la Cámara Alta.
Aunque los partidos principales de esta alianza se culpan mutuamente por la ruptura, lo cierto es que parece reducirse a una pelea de liderazgo entre sus dos dirigentes, intercambio de entredichos que por cierto ya tiene tintes “vedettineros”, y que quebranta el proyecto conjunto que venían desarrollando.
Habrá que ver qué pasa a futuro, ya que se percibe un acercamiento de Margarita Stolbizer al cobismo, hecho que varios de sus seguidores no ven con buenos ojos ya que, en pocas palabras, lo consideran un “veleta” y se inclinan por un líder como el santafecino Hermes Binner.
Lo concreto es que el diálogo convocado por el gobierno nacional y provincial produjo un efecto contrario al esperado: en lugar de unir, dividió.
Mientras Stolbizer festeja la convocatoria del Consejo de Seguridad Provincial como un primer triunfo del diálogo, Elisa Carrió sigue insistiendo en que sólo le están “haciendo el juego” al gobierno.
Cruzando la vereda se encuentra Unión Pro, que también va mostrando sus grietas. Hay, al igual que en el ACyS, una pelea de liderazgos, materializada en los dos candidatos presidenciales: Mauricio Macri y Felipe Solá.
Pero además existe otra cuestión de fondo, dos corrientes políticas diferenciadas como son el peronismo y el macrismo, que poseen idiosincrasias bien distintas. Hecho que quedó anecdóticamente reflejado en el acto en La Plata de este lunes donde las remeras amarillas Pro-Macri se “enfrentaron” a los bombos peronistas. No por nada Francisco De Narváez, que se encuentra en el medio y quiere reforzar su candidatura a gobernador, reafirmó su identidad peronista con el objeto de acercarse a Solá y evitar una ruptura con el PJ disidente.
Mientras tanto, aunque por ahora siguen unidos, todo parece indicar que a partir de diciembre Unión Pro formará tres interbloques: PRO (macristas), Unión Celeste y Blanco (denarvaístas) y Unión Peronista (felipistas).
Lucha de poder en el fondo, lo cierto es que Solá quiere dejar abierta la puerta para aquellos peronistas que se alejen de la órbita kirchnerista pero que tienen sus pruritos a la hora de aliarse con el macrismo. El ex gobernador se encuentra escindido entre dos intereses: Unión Pro y la interna del PJ, de la que desea formar parte activa y salir fortalecido.
Tampoco hay que olvidar que la solución del interbloque evita la incómoda situación de tener que elegir las autoridades del bloque entre las tres corrientes.
Para completar el panorama, ciertos legisladores han decidido aprovechar esta instancia de reacomodamiento para cambiar de camiseta en mitad del partido. Tal es el caso de la senadora Viviana Arcidiácono, quien concretó el martes su retorno al Frente para la Victoria, abandonando el Pro; y del senador Julio Salemme quien haría el movimiento contrario, dejando al oficialismo.
Enroques, disputas y divisiones, la oposición lejos de presentar proyectos fuertes que logren convertirse en una alternativa real frente a la crisis del oficialismo, están inmersos en luchas internas que poco tienen que ver con los requerimientos del electorado.
Por Laura Elisandro
