El base canadiense Shai Gilgeous-Alexander fue la gran figura del equipo y fue elegido MVP de las Finales, tras anotar 29 puntos y repartir 12 asistencias en el partido decisivo
En una noche inolvidable para la franquicia, el Oklahoma City Thunder venció 103-91 a los Indiana Pacers en el séptimo juego de las Finales y se coronó campeón de la NBA por primera vez desde su mudanza desde Seattle en 2008. El título, celebrado en un Paycom Center colmado, marca un hito para una de las plantillas más jóvenes y prometedoras de la liga.
El base canadiense Shai Gilgeous-Alexander fue la gran figura del equipo y fue elegido MVP de las Finales, tras anotar 29 puntos y repartir 12 asistencias en el partido decisivo. Su liderazgo fue clave a lo largo de una temporada en la que también fue distinguido como el Jugador Más Valioso de la fase regular, convirtiéndose en el primer jugador en lograr ambos premios desde Shaquille O’Neal en el año 2000.
El partido tuvo un punto de inflexión en el primer cuarto, cuando Tyrese Haliburton, estrella de Indiana, sufrió una grave lesión en el tendón de Aquiles y debió abandonar el campo entre lágrimas. A partir de allí, el Thunder impuso su ritmo con una defensa sólida y un ataque dinámico, destacándose también Jalen Williams (20 puntos) y Chet Holmgren (18).
Con este triunfo, Oklahoma cerró una temporada histórica con 84 victorias entre fase regular y playoffs, igualando a los Bulls de 1996-97 como el tercer mejor registro de todos los tiempos. Además, se convirtió en el séptimo campeón distinto en las últimas siete temporadas, reflejo de la paridad que domina la NBA en la era moderna.
El título representa el segundo en la historia de la franquicia, que había ganado su primer anillo en 1979 bajo el nombre de Seattle SuperSonics. Esta vez, el trofeo Larry O’Brien se queda en Oklahoma, con un equipo joven, sin grandes estrellas mediáticas, pero con una identidad colectiva que marcó el rumbo de toda la campaña.
