Tras el revés en la Cámara alta, el Gobierno analiza estrategias para evitar que se aprueben proyectos que afectan su meta de equilibrio fiscal.
Aunque la semana pasada el presidente, Javier Milei, sufrió una jornada legislativa adversa, con seis derrotas consecutivas en el Senado, en la Casa Rosada consideran que aún queda margen de maniobra para contener el avance de los proyectos impulsados por los gobernadores.
Si bien los jefes provinciales se mostraron más alineados que nunca para reclamar la coparticipación de recursos retenidos por el Ejecutivo, no todos sus representantes actuaron con la misma intensidad. Algunos aún no jugaron sus fichas y otros ni siquiera cuentan con senadores que los representen directamente.
El oficialismo sabe que si no logra tender puentes con los mandatarios, podría enfrentar una derrota más aplastante en Diputados. Allí, los dos proyectos que buscan redistribuir los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y lo recaudado por el Impuesto al Combustible podrían cosechar alrededor de 200 votos afirmativos. Sin embargo, antes de que esa contundente mayoría se traduzca en el tablero, Martín Menem podría recurrir a tácticas ya conocidas: enviar los proyectos a múltiples comisiones y evitar que estas los traten, una maniobra ya utilizada por José Luis Espert en la comisión de Presupuesto. Aunque útil, esta herramienta solo gana tiempo y no impide el avance definitivo de las iniciativas opositoras.
La ventaja que tienen los diputados opositores es que podrían evitar el trabajo en comisión y llevar directamente los proyectos al recinto. Si todos los gobernadores empujan en la misma dirección, los dos tercios necesarios para habilitar un tratamiento sobre tablas estarían asegurados, con cerca de 200 votos en favor. Por eso, desde el oficialismo entienden que deben actuar pronto si quieren bloquear ese escenario.
Frente a esto, Milei tendría dos alternativas. La primera pasa por abrir una instancia de negociación con los gobernadores para encontrar una solución intermedia. Fuentes cercanas a los jefes provinciales confirmaron que el objetivo de los proyectos es presionar al Presidente para que destrabe recursos que, según ellos, les pertenecen. En ese contexto, la exposición rural de esta semana en Palermo podría servir como un primer acercamiento entre Milei y algunos mandatarios, tras el desplante en Tucumán. Si hay predisposición, Guillermo Francos será el encargado de liderar los diálogos.
La segunda vía sería una negociación más fragmentada y personalizada con los mandatarios que no evidenciaron una postura firme en la última sesión. Entre ellos figuran Gustavo Sáenz (Salta), Marcelo Orrego (San Juan), Claudio Poggi (San Luis) y Carlos Sadir (Jujuy), cuyas provincias no tienen senadores propios o jugaron con ambigüedad.
Tampoco se descarta que el Gobierno logre acercar posiciones con otros como Rolando Figueroa (Neuquén) o Alfredo Cornejo (Mendoza), cuyos senadores estuvieron ausentes en la votación. En ese grupo también aparecen Stella Maris Olalla y el chaqueño Víctor Zimmermann, que no bajaron al recinto, y con quienes el oficialismo ya tiene algún tipo de vínculo electoral o político.
El antecedente más claro que alimenta las esperanzas libertarias está en lo ocurrido con Ficha Limpia. Allí quedó demostrado que lo aprobado en una cámara no siempre se replica en la otra. A eso apuesta Milei: a capitalizar el margen de duda que aún conservan algunos gobernadores, incluso aquellos cuyos senadores votaron a favor. Es habitual que, en la antesala de las sesiones, algunos diputados de la oposición terminen retirando su apoyo tras negociaciones de último momento. En la Cámara baja no descartan que esta vez vuelva a pasar lo mismo, y que el pacto entre gobernadores empiece a mostrar fisuras.
