El economista cercano a Javier Milei sostuvo que la transformación del modelo productivo tendrá costos sociales si no existe una estrategia de transición. También afirmó que la compra de dólares por parte de los argentinos definirá el ritmo del crecimiento y reconoció que no encuentra una explicación para la caída de la actividad en abril y mayo.
El economista Ricardo Arriazu, una de las voces que Javier Milei suele escuchar en materia económica, alertó sobre las consecuencias que podría generar la apertura comercial en distintas regiones del país. Durante un seminario organizado por BlackTORO, sostuvo que el nuevo esquema favorecerá a sectores ligados a los recursos naturales, aunque también afectará a actividades industriales concentradas, sobre todo, en el Gran Buenos Aires.
Según explicó, ese cambio no implicará un traslado inmediato de la población hacia las nuevas zonas de crecimiento. «La gente no se mueve», afirmó. A partir de esa situación, lanzó una advertencia sobre el impacto social que podría aparecer durante la transición.
«Esto va a generar bolsones de descontento, bolsones de desempleo y de pobreza, justo en la zona políticamente más intensa», expresó. Luego agregó: «Hay que pensar cómo se resuelve el problema. Hay que pensarlo».
Arriazu también se diferenció de la visión de quienes consideran que el mercado resolverá por sí solo esos desequilibrios. Para el economista, el proceso requiere planificación y políticas específicas para evitar que el costo social termine afectando la continuidad del programa económico.
El déficit fiscal, la principal diferencia con experiencias anteriores
Durante la exposición, Arriazu sostuvo que el elemento que distingue al actual programa económico respecto de otros intentos de estabilización es la eliminación del déficit fiscal.
Consultado sobre las razones por las cuales esta vez el plan podría sostenerse, respondió: «No tengo la menor idea. Lo único que es distinto es que hemos eliminado el déficit fiscal».
A su entender, ese cambio permitió un escenario inédito para la economía argentina: la coexistencia de superávit fiscal y superávit externo.
La compra de dólares, el dato que más observa
Otro de los puntos centrales de su análisis estuvo vinculado al comportamiento de los ahorristas. Arriazu afirmó que la cantidad de dólares que adquieren los argentinos constituye la variable más importante para anticipar la evolución de la economía.
«Por lejos la variable macro más importante en economía es cuántos dólares compra la gente», sostuvo.
El economista recordó que el año pasado los argentinos adquirieron unos 40.000 millones de dólares y estimó que este año esa cifra sería menor. Según su visión, si una parte de esos recursos permanece dentro del circuito económico, la actividad tendrá mayores posibilidades de expansión.
Además, insistió en que Argentina funciona como una economía bimonetaria. «Argentina es una economía bimonetaria. La unidad de cuenta de los argentinos es el dólar. Lo que importa es la tasa de interés en dólares y no la tasa real de interés», afirmó.
La confianza, un factor decisivo para el ahorro
Para Arriazu, el problema de fondo no radica en la disponibilidad de divisas sino en la falta de confianza.
«El miedo de la gente es: ¿van a poder soportar la corrida el año que viene?, ¿cómo van a hacer para pagar la deuda?», planteó.
También señaló que el Banco Central, el Tesoro y el swap ofrecen herramientas para enfrentar un escenario de tensión cambiaria, aunque consideró que el mercado todavía mantiene dudas sobre la continuidad del rumbo económico.
En ese contexto, anticipó: «La corrida va a existir, pero va a ser tardía, no va a ser temprana».
Los desafíos de una economía que busca crecer
El economista afirmó que el patrimonio de los argentinos equivale aproximadamente a cinco veces el Producto Bruto Interno, aunque cerca del 80% permanece invertido en inmuebles o en dólares fuera del sistema financiero.
A su criterio, el principal desafío consiste en generar confianza para que esos recursos financien inversiones productivas dentro del país.
También destacó el potencial de sectores como Vaca Muerta, la minería, el agro y la economía del conocimiento, aunque advirtió que ese crecimiento exigirá resolver importantes limitaciones de infraestructura y logística. Entre ellas mencionó la necesidad de ampliar la capacidad de producción de cemento y de incorporar miles de camiones y choferes.
La incógnita sobre la actividad económica
Sobre las perspectivas para este año, Arriazu proyectó una expansión de la economía impulsada por la recuperación de la cosecha y el incremento de la producción energética.
Sin embargo, admitió que existe un dato que todavía no logra interpretar. «Todavía no puedo explicar por qué cayó el EMAE en abril y mayo. No puedo. Miro todo el razonamiento económico, miro todos los flujos, miro todo, y no logro entenderlo», concluyó
