El gobierno logró un superávit fiscal acumulado de $3,2 billones en el primer bimestre del 2024 pero recortando abruptamente partidas presupuestarias sensibles.
Los números de enero y febrero a Javier Milie y a Luis Caputo le cerraron como esperaban con superávit gemelo. Es decir, superávit fiscal primario y en la balanza comercial. Para el primero, no solo el drástico ajuste fue fundamental, sino la plata que tiene que girar el Ejecutivo nacional y no lo hizo.
Las provincias fueron victimas de esta política. “Las transferencias a provincias se redujeron 85% en términos reales, principalmente explicadas por la eliminación del FONID (Fondo Nacional de Incentivo Docente) y del Fondo de Fortalecimiento Fiscal de la Provincia de Buenos Aires”, señala un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA).
Por otro lado, el informe explica que la principal razón del superávit fiscal no es el aumento en la recaudación, sino la caída de todas las partidas presupuestarias, la mayoría con reducciones reales de dos dígitos. De cada $100 de ajuste en febrero, $35 correspondieron a recortes en jubilaciones, siendo el principal factor explicativo de la reducción real del gasto.
Le siguen en importancia los gastos de capital (que aportaron el 23,7% del ajuste total) y los subsidios económicos, principalmente energéticos (por la falta de transferencias a CAMMESA), que impactaron en la suba de tarifas tanto de transporte como de gas y luz.
Por su parte, los gastos de capital registraron una disminución real del 88% en febrero, con una ejecución prácticamente nula debido a la decisión de paralizar la obra pública. La inversión en infraestructura fue mínima, alcanzando niveles no vistos desde febrero de 2017.
Con un superávit fiscal acumulado de $3,2 billones en el primer bimestre del 2024, es probable que se cumpla la meta fiscal modificada por el FMI, que requiere un superávit de $962.000 millones para el primer trimestre del año.
