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Mi historia en Comodoro Rivadavia como Veterano Continental
Nacional

Difundimos una carta de lectores del ex combatiente de Malvinas Sergio Báez, que opina sobre el reclamo que ex soldados que cumplieron funciones en el continente están realizando ante el estado nacional. Los lectores pueden dirigir sus opiniones a [email protected].

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29 febrero, 2012 0

Por Sergio Jorge Báez, soldado clase 1963, Batallón Logístico 9 de Comodoro Rivadavia.

En el año 1981 mientras mi hermano Pablo H. Báez hacia el Servicio Militar Obligatorio en el Regimiento 7 de Infantería Mecanizada de La Ciudad de La Plata, a mí me tocaba el sorteo para la Conscripción, saliendo sorteado con el Nº 800 favoreciendo mi Servicio Militar Obligatorio en el año 1982.

Me presento en el Regimiento 7 de Infantería Mecanizada de la Ciudad de La Plata el día 24 de Febrero del año 1982, sin saber que al día siguiente nos trasladarían a la Capital Federal, Colegio Militar de Palermo, para trasladarnos luego a la Base Aérea del Palomar a las 19:00 horas aproximadamente para ser llevados a la Provincia Córdoba a buscar a los compañeros cordobeses, y de ahí directo a la Ciudad de Comodoro Rivadavia para hacer la Conscripción. Llegamos a las 22:30 horas a esa ciudad, con mucho frío ya que en Buenos Aires la temperatura era elevada y estábamos todos “en remera”. Bajamos en la 9na. Brigada Aérea de Comodoro en Km. 9 y nos trasladaron al Batallón Logístico 9, de Km. 11, obviamente sin saber en qué ciudad y lugar estábamos.

Esa misma noche nos atendieron “pésimamente mal”, ya que éramos los nuevos soldados que empezaban a hacer la Colimba y lejos de nuestros seres queridos. Muchos compañeros estábamos asustados y sin saber qué hacer o como reaccionar ante tantos uniformes verde oliva. Nos miraban con ojos “de regocijo” al vernos las caras de susto, ya que se iban a divertir mucho con “los futuros soldados nuevitos”. Un Capitán nos dijo que estábamos a 2.600 Km. de nuestras casas y que ahí no iba a estar “ni mamita, ni papito” y que “los huevos se quedaban colgados en la entrada del Batallón”.

Así empezó nuestro largo camino a la Guerra de Malvinas, sin saberlo (un mes y medio antes). Al día siguiente nos vimos rodeados de cerros o montañas, era lógico, con la luz del día, ya que la noche anterior lo único que se veía eran grupitos de luces a lo lejos. Sorprendidos y murmurando entre nosotros, nos preguntábamos donde estábamos. Todo era muy confuso y extraño, por el lugar desconocido y tantos militares que nos rodeaban.

Al mediodía supimos que estábamos en Comodoro Rivadavia, en el Batallón Logístico 9, y que lógicamente íbamos a cumplir con nuestro Servicio Militar.

Empezaron con el rasuramiento del cabello, nos cortaban la mitad y nos mandaban a la fila a esperar. Es decir media cabeza pelada y media cabeza con pelos hasta que nos tocara el turno nuevamente, esa era la manera de humillarnos. Después nos empezaron a sacar la ropa de civil y a darnos la ropa de fajina Militar. Ropa que nos quedaba grande, emparchada con pedazos de tela y encima usada. En verdad estábamos “disfrazados”. Obviamente todo esto estaba hecho a propósito para bajar nuestra estima y poder “manipularnos” mejor. Luego empezaron a separarnos para cada Compañía, es decir Compañía Arsenal, Transporte que es la que a mi me tocó, Comando y Servicio y finalmente Sanidad. Así se empezó a armar el Batallón con la Clase nueva, todos nosotros los soldados clase 1963.

Luego se siguió con la instrucción durante el mes de Marzo, 20 o 25 días de instrucción, tiro al blanco, instrucción diurna, nocturna en el medio del campo abierto, nos lavábamos los dientes a las 6:30 de la mañana “en camiseta” con temperatura bajo cero, rompiendo el hielo del río con el mango del cepillo de dientes para sacar agua y enjuagarnos.

Durante este tiempo hemos conocido “el abuso de autoridad” y los “bailes” propios de un colimba, verdaderamente aprendimos a extrañar todo a lo que antes no le dábamos la mayor importancia; a la familia, a los seres queridos, cada carta que se recibía de algún familiar o amigo producía lágrimas en nuestros ojos, un sentimiento que jamás habíamos sentido. Todo era parte de lo mal que la pasábamos. En ese momento se aprende a valorar muchas cosas: madre, hermanos, amigos, y por sobre todas las cosas y a pesar de la edad nos convertimos en “hombres”.

Al terminar la instrucción ya estábamos más curtidos de muchas cosas en el Batallón. Pero el 2 de Abril de este año, antes de darnos un fin de semana franco, el primero después del 24 de Febrero, nos forman a todos en la Plaza de Armas principal, no faltaba nadie. Estábamos todos los soldados y todos los suboficiales y oficiales del Batallón, no entendíamos nada y pensábamos que estábamos “de fiesta”.

Era para comunicarnos que la Argentina había recuperado las Islas Malvinas y que todos quedábamos “sujetos” a lo que podía llegar a pasar durante este suceso Militar. Nos dejaron salir ese día y debíamos presentarnos al día siguiente. Al regreso de este franco se empezó a trabajar el doble en el Batallón, era un ir y venir de situaciones.

Se preparó el primer grupo para cruzar a las Islas y a mandar compañeros, entre los cuales yo quedé en el segundo grupo.

En ese intervalo de una semana y media, mi vieja y mi hermano Pablo estaban viajando en un colectivo y mi vieja le decía “qué sería de mi vida con el tema este de las Islas”, al cual mi hermano le respondió: “Quedate tranquila que yo lo voy a buscar a Sergio… tal es así que al día siguiente le llegó un telegrama de reincorporación y se tiene que presentar en el Regimiento 7 de Infantería Mecanizada , de la Ciudad de La Plata ya que el es clase 1962.

Lo trasladan a Río Gallegos y de ahí a las Islas, sin poder pasar por Comodoro, para verme o pensando que yo ya estaba en Malvinas.

Al llegar a las Islas, mi hermano busca el Batallón Logístico 9 y se encuentra con todos mis compañeros, ahí se entera que yo llegaba en una semana y que me encontraba bien. Ahí mismo un compañero mío, García Padron, me mandó una carta de Malvinas para avisarme que se habían encontrado con mi hermano que estaba bien y que le brindaban todo tipo de ayuda, ya que el estaba en zona más comprometida llamada Monte Kent.

En la carta expresa que tenía la trinchera que “parecía un almacén” de la cantidad de cosas que le habían dado mis compañeros, lo cual mi hermano estaba agradecido por haberme hecho querer tanto en el Batallón, pero la realidad era otra: que estaban en el medio de la nada a tantos kilómetros de distancia y debían ayudarse entre ellos.

Obviamente después a él se le complicó con el inicio del fuego enemigo y ya no podían hacerles llegar a las líneas de fuego insumos de comida y de artillería para seguir aguantando semejante toneladas de pólvora enemiga. Recuerdo una madrugada, que debíamos alistarnos con los Bolsos de Campaña y toda la indumentaria y armamento, para cruzar a las Islas, es decir el segundo grupo, en un momento se acerca a la formación de los que iríamos el Teniente 1ro. Bergounian (loco Infante de Marina y superior nuestro) quien en muchísimas oportunidades castigaba a los soldados con una pesa de más o menos 60 kg, hecha con unas ruedas de tren y pintada de color rojo.

Todos le teníamos mucho miedo, no respeto, que es muy diferente. Se me acercó y me dijo que me ponga el arma en la nuca y haga salto rana en el mismo lugar. Obvio que lo hice y mientras tanto pensaba: que mierda le pasa este h.d.p!! De pronto me dice: con voz de mando firme!, y me pregunta por que no dije nada que yo tenia a mi hermano en las Islas? Mi respuesta fue simple. Le contesté que quería ir y estar con mi hermano, y solo respondió salto rana mar…!! Me relevó de la fila y me hizo levantar la pesa para hacer flexiones. Así estuve hasta que se fue todo el grupo a la 9na. Brigada para cruzar a las Islas y mis propios compañeros de la Compañía, que quedamos en el Continente, me ayudaron a bajar la pesa, ya que tenia mis brazos muy cansados y adormecidos por el peso.

En el Batallón quedamos un 60 % de soldados, ya que teníamos que recibir a tropas de todo el país para alistarlos y que puedan seguir hacia las Malvinas. Le dábamos de comer y les aprovisionábamos armamento y municiones, cuando se quedaban a dormir le dejábamos nuestra cuadra con nuestras camas para que duerman bien, y nosotros después de atender a todos los soldados que pasaban por nuestro Batallón hacíamos las guardias o de retenes. Dormíamos muy poco luego de trabajar durante todo el día, tal es así que la gran cantidad de tropas que llegaban las teníamos que mandar al RI8 (Regimiento de Infantería 8) que estaba ubicado al lado del Batallón Logístico 9.

Después empezaron a hacerse viajes para buscar municiones a Puerto Belgrano, también empezaron a llegar heridos y los héroes abatidos por el enemigo, compañeros nuestros de sanidad los retiraban en bolsas. Cada vez el trabajo era más intenso y todos los soldados estábamos pasados de cansancio ya que por nuestro Batallón entraban 1.000 efectivos por día y había que recibirlos, atenderlos, el cuartel estaba infectado de Militares, Camiones, Tanques, Anfibios, Armas y soldados de todo el país. Era realmente impresionante.

Al día de hoy, después de casi 30 años de esta gesta que marcó la historia en Argentina, muchos de nosotros no estamos reconocidos como verdaderos Veteranos de Guerra, porque un Decreto en el año 1991 nos excluyó de todos los beneficios de los que hoy gozan los Veteranos. Todo esto fue por una cuestión presupuestaria y no por los derechos y las leyes que nos avalan. Un decreto no puede modificar una ley, es por eso que nuestra lucha sigue como “Veteranos no Reconocidos”. Espero que mi historia les haya sido útil.
 

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