El diputado reunió a dirigentes del PJ y lanzó críticas al RIGI. Planteó que los cambios en la norma ambiental implican riesgos irreversibles y rechazó el vínculo entre inversiones y generación de empleo.
El diputado nacional Máximo Kirchner encabezó una actividad en la sede del Partido Justicialista nacional y volvió a fijar postura frente a la posible modificación de la Ley de Glaciares. El encuentro reunió a dirigentes y legisladores del espacio, con eje en el impacto ambiental y económico de la iniciativa que se debatió en el Congreso.
Durante su exposición, el referente de Unión por la Patria puso el foco en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones y cuestionó el sentido de avanzar con cambios en la normativa. “¿Por qué flexibilizar la Ley de Glaciares? ¿Por tipos que no van a colaborar porque el RIGI les permite a los cuatro años llevarse los dólares sin dejar nada en Argentina?”, planteó. En esa línea, reforzó su advertencia: “¿Vamos a prender fuego todo por nada? ¿Vamos a romper los glaciares, nuestros ríos, nuestros lagos, por nada?”.
El diputado ubicó la discusión en un plano más amplio y buscó despegarla de una confrontación personal con el presidente. “No nos oponemos porque quien formula las ideas se llama Javier Milei. Nos oponemos a estas ideas, la formule Milei o Magoya”, sostuvo. Además, remarcó que se trata de “una discusión de una profundidad que nuestro país necesita tener”.
Kirchner también cuestionó los resultados del esquema económico vigente. Señaló que las promesas oficiales sobre inversión y empleo no se reflejaron en los indicadores. “Este modelo económico no va a funcionar ni con la desnutrición de cientos de miles de pibes en Argentina”, afirmó. Luego agregó que los datos oficiales mostraron límites en la generación de trabajo y en la distribución de los beneficios.
En ese marco, apuntó contra la idea de que la flexibilización de la ley impulsaría el desarrollo. Consideró que la experiencia reciente mostró un crecimiento en exportaciones mineras sin un correlato significativo en el empleo. A partir de esos números, sostuvo que el argumento de mayor trabajo no se verificó en la práctica.
El dirigente de La Cámpora también advirtió sobre las consecuencias ambientales de una eventual reforma. “Es jugar con cosas que no tienen repuesto”, afirmó. Explicó que los daños sobre glaciares y áreas periglaciares no admiten recuperación. Vinculó esa situación con procesos de desertificación que ya afectaron a distintas regiones del país.
Al mismo tiempo, reconoció la importancia de la actividad minera, aunque marcó límites claros. Planteó que el desarrollo productivo no puede avanzar sin contemplar la preservación de los recursos naturales y los modos de vida asociados a esos territorios.
Hacia el final, Kirchner amplió su mirada y ubicó el debate en términos políticos y sociales. Aseguró que existen intentos de fragmentar al país bajo una lógica que definió como falsa. En ese sentido, llamó a defender los recursos estratégicos y el territorio nacional como un punto de unidad.
La discusión por la Ley de Glaciares volvió así al centro de la agenda, en un contexto de tensión entre la promoción de inversiones y la protección ambiental. El cruce reflejó un debate que excede la coyuntura legislativa y expone diferencias de fondo sobre el rumbo económico.
