Con Mauricio Macri al frente, el PRO admite haber diluido su esencia en la última etapa y apunta contra el “murmullo socialista interno”. El nuevo rumbo abre la puerta a quiebres en los bloques legislativos.
La política argentina vuelve a sacudirse con movimientos internos en el PRO, que atraviesa un proceso de redefinición estratégica en medio de su alianza con La Libertad Avanza. El espacio fundado por Mauricio Macri busca reconfigurarse de cara al nuevo ciclo político que comenzará después de las elecciones, con un debate abierto sobre identidad, pertenencia y futuro. La consigna que empezó a instalarse es clara: un retorno al perfil liberal que marcó sus orígenes.
El que salió a dar la señal fue Fernando de Andreis, candidato a diputado nacional por CABA y figura cercana al expresidente. A través de un mensaje en redes sociales, marcó un rumbo que viene discutiéndose en la intimidad partidaria desde hace meses. “Nace algo nuevo”, escribió, y tanto Macri como Javier Milei replicaron el concepto en X, ratificando el acercamiento entre ambas fuerzas.
En su texto, de Andreis no escatimó críticas al pasado reciente: “Hace ya demasiado tiempo que en el PRO andábamos discutiendo cosas viejas. Fue cansador escuchar, hasta acá, que se repitieran como ‘nuevas soluciones’ ideas antiguas que nos desviaron del camino del PRO liberal. Esas ideas, en el fondo, nos hicieron perder elecciones y deshilachar nuestra verdadera identidad de cambio”. Más aún, señaló que el acuerdo con los libertarios “es el paso que debíamos dar para dejar atrás el murmullo socialista interno”.
Esa última frase encendió polémicas dentro del partido. En los pasillos de la sede de Balcarce, la referencia fue leída como un cuestionamiento directo a Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal y Silvia Lospennato. De ese trío, el primero ya se apartó del espacio, mientras que Vidal atraviesa el final de su mandato con un rol crítico frente al entendimiento con LLA, aunque insiste en que continuará dentro del PRO y en campaña con candidatos enfrentados a los libertarios.
Un referente partidario lo explicó en términos históricos: “La esencia de ese mensaje es volver a traer al PRO a lo que fue en sus orígenes. El PRO nació como un partido liberal, de centro derecha. El logo del partido, incluso, el triángulo marca a la derecha. En los últimos años, se fue desdibujando eso con ideas que lo alejaban de ese espíritu liberal, y lo que hizo que perdamos elecciones”. Desde esa mirada, el pacto con LLA representa una oportunidad para recuperar coherencia doctrinaria, aunque también implica riesgos de tensiones internas.
Los encargados de negociar directamente con Karina Milei fueron dirigentes de primera línea: Cristian Ritondo, Diego Santilli —que acompaña en la lista a José Luis Espert— y el intendente de Mar del Plata, Guillermo Montenegro. Ellos encarnan la corriente que impulsa la integración con el oficialismo libertario como forma de preservar poder territorial y sostener representación parlamentaria.
En ese plano, la conducción del PRO anticipa un reordenamiento inevitable en el Congreso. “Después de las elecciones es inevitable que los bloques legislativos del PRO se achiquen, solo con ver cuestiones numéricas está claro que será. Pero aquellos que entren a partir de diciembre, representan esos valores del PRO original. Entonces se achican sí, pero se ‘purifican’ con amarillos puros”, señalaron desde la mesa chica. El riesgo de una fragmentación es real: un bloque más alineado con la Casa Rosada y otro con voluntad de marcar diferencias.
Otros candidatos, con experiencia en la provincia de Buenos Aires, remarcan que este proceso no implica la creación de un nuevo partido sino un regreso a las bases: “No creo que esté naciendo un PRO liberal de la nada. En sus orígenes sí lo fue; en algún momento, algunas decisiones lo corrieron hacia el centro, y terminó siendo un partido que se desvió de su esencia liberal. En la práctica política, eso implica acompañar medidas que consoliden estabilidad y disciplina fiscal. Por ejemplo, el déficit es un tema innegociable”.
El debate que se avecina no es solo electoral, sino también ideológico. La dirigencia deberá decidir si el PRO se consolida como socio subordinado del proyecto libertario o si, por el contrario, logra recuperar un perfil propio desde el cual influir en la agenda nacional. Esa definición marcará no solo la vida interna del partido, sino también el mapa de poder en el Congreso.
En definitiva, lo que está en juego es la supervivencia política del macrismo. Con Macri en un rol más internacional que doméstico, el peso de las decisiones recae sobre sus herederos políticos. El rumbo que adopte el PRO en esta etapa será determinante para saber si logra reposicionarse como fuerza liberal con identidad propia o si termina diluido bajo el ala de La Libertad Avanza.
