El gobernador de Córdoba eligió el interior provincial para inaugurar el período legislativo y afianzar su posición como opositor al Gobierno nacional.
El gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, encabezó la apertura de sesiones de la Legislatura y, al igual que sus predecesores José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti, apostó a la gestión como pilar para su posicionarse en un año electoral. Desde ese escenario, reafirmó su perfil opositor frente al presidente, Javier Milei, sin mencionarlo directamente, pero con mensajes claros.
En la provincia mediterránea, el respaldo a Milei se mantiene fuerte y las encuestas proyectan un sólido apoyo a La Libertad Avanza (LLA). Llaryora, no lo oculta y sus colaboradores insisten en que «no hará mileísmo bobo». Sin embargo, durante su discurso, dejó en evidencia su intención de confrontar con la construcción libertaria.
El punto de inflexión fue su referencia a la Marcha del Orgullo Antifascista, que reunió multitudes en Buenos Aires y otras ciudades del país. «Tenemos que reaccionar ante el odio», DIJO, marcando un quiebre en su postura y llamando a la acción. No fue un comentario aislado, sino una declaración calibrada tras evaluar el nuevo escenario político con encuestas y experiencia propia.

Más allá de su distanciamiento con Milei, Llaryora reservó un reconocimiento específico para la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, a quien mencionó con nombre y apellido. Agradeció su trabajo conjunto y pidió un aplauso para ella, diferenciándola del resto del oficialismo libertario.
A diferencia de su primera intervención como gobernador el año pasado, cuando se mostró como un ferviente defensor del Estado y del sector productivo, esta vez se enfocó en exhibir resultados de gestión. En Deán Funes, lejos del formalismo de la Unicameral, se permitió desafiar las críticas del ministro de Economía, Luis Caputo, sobre la presión fiscal de los gobernadores. El mandatario intentó escudarse de cualquier señalamiento y respaldó su exposición con material audiovisual, aunque con una duración que desafió los estándares de un spot político dinámico.
El mensaje de Llaryora tuvo un destinatario claro: el presidente Milei. Aunque evitó nombrarlo, la crítica fue evidente. Para el mandatario provincial, el Gobierno nacional podría haber hecho mucho más, a pesar del desafiante contexto económico.
