Nuestro colega Ariel Kocik entrevistó a la radical Margarita Stolbizer luego de la Convención de la UCR. Apuntó a Kirchner y a Lavagna. Casi aliada con Carrió, la dirigente advierte que no se debe perder la identidad, ni la coherencia.
Por Ariel Kocik
Poco atrás, el presidente Néstor Kirchner citó a Leandro Alem, atribuyendo su frase más famosa a su sobrino Yrigoyen, también de boina blanca: “Que se rompa, pero que no se doble”. En plena campaña, figuras e identidades partidarias parecen confundirse.
La ex diputada Margarita Stolbizer habló de estos temas en la Convención de la UCR, entre el griterío de los suyos, que impugnaron el apoyo a Lavagna. “Por el ruso/ por Amaya / la derecha que se vaya”, entonaron, por Sergio Karacachoff y Mario Amaya, un dirigente juvenil y un diputado (radicales) asesinados por la Triple A y la última dictadura.
La dirigente moronense acusa al ex ministro de falta de transparencia y de continuar un “modelo excluyente”. También critica a la conducción de su centenaria fuerza. Cree en los partidos y también en las coaliciones, pero advierte el riesgo de perder identidad. Y sobre todo, dice, coherencia.
- ¿Por qué se opone a la postulación de un candidato que ganó cierta aceptación?
Bueno, más aceptación tiene Kirchner: no estoy de acuerdo en ir detrás sólo por eso. Creo que el radicalismo debe discutir un proyecto de país, desde nuestra identidad, desde nuestras banderas; yo no desconozco la discusión sobre la necesidad de una coalición política, pero debe ser cada cosa en su momento. Primero hay que definir un proyecto y los caminos para saber cómo se llega a la misión de país que uno quiere.
Siento que el acuerdo programático que se hizo es una concesión a la consolidación de un modelo económico que no comparto, que el radicalismo no comparte: el de una Argentina que crece de manera sostenida y con superávit, pero que tiene la misma cantidad de pobres que antes.
Creo que Kirchner y Lavagna son distintas versiones más o menos prolijas del mantenimiento de ese modelo. Y la verdad es que no hay un acompañamiento de la masa de votantes del radicalismo a estas estrategias, porque si no uno vería que en las provincias podrían tener éxito. Allí la UCR cierra con Kirchner y va con candidatos radicales, en ningún caso con candidatos justicialistas, y sinceramente lo que hoy se llama la coalición de Lavagna - con el partido renovador de Salta, el partido Demócrata de Mendoza, el partido Liberal de Corrientes de Aldo Rico - , tiene muy poco que ver con la identidad partidaria, y deja a salvo lo que puede ser su agrandamiento con quienes todavía menos tenemos que ver.
- ¿Cómo harán para superar las divisiones que tiene el partido?
Para mí las divisiones son normales. Es un partido que tiene más de 100 años y siempre ha tenido divisiones; eso no le hace mal, sino que forma parte del debate. El problema hoy es que parece que la discusión pretende excluir a los que piensan distinto. Y nuestro partido ya ha sido demasiado expulsivo de los sectores que no piensan como los pequeños grupos que lo han capturado, para ponerlo al servicio de sus intereses.
Creo que hay que ampliar el debate, que la conducción partidaria debe responder más a lo que quiere el afiliado, el votante y el militante radical, y no a estrategias de conveniencia que es lo que siento que se está haciendo.
- Se lo digo porque se acusa al radicalismo de tener cierta dificultad para construir poder, frente al peronismo por ejemplo.
Eso es verdad, eso es verdad. Pienso que el radicalismo tiene una enorme capacidad autodestructiva y no ha demostrado una renovación como la que necesita, porque de la crisis se sale con cambios, y adentro del partido lo que uno ve es que no hay voluntad para producirlos. Por lo tanto el problema no es la cantidad de sectores internos, sino más bien que se pretenda excluir a los que piensan diferente y que el debate no pase por cuestiones principistas, por ideas y proyectos de país, y pase por conveniencia.
Creo que hoy la discusión está planteada tanto por quienes quieren adherir con Kirchner, como por los que impulsan a Lavagna, más por la necesidad o la resignación de “colgarse” a alguien para mantener lugares, que porque estén convencidos de que eso es bueno para el país.
- Con respecto a las elecciones de octubre, ¿cuál es el límite para las alianzas con sectores que a lo mejor no son del todo afines a la fuerza que usted representa?
A mi juicio, ya se ha superado. Por eso decía que la coalición de Lavagna ya implica acuerdos con fuerzas del interior con los que hay grandes diferencias, y con el duhaldismo en la provincia de Buenos Aires. Y yo tengo que borrar parte de mi propia historia si hago un acuerdo electoral con los mismos que durante 20 años vengo denunciando por la destrucción de la escuela pública, por la destrucción del banco, la falta de políticas productivas, la destrucción de la salud pública… Creo que la coalición con Lavagna ya excedió los límites de la coherencia.
- ¿Y con Lilita, cómo se ve?
Yo tengo coincidencias con su posición ética y con cuestiones políticas de fondo, pero diferencias muy profundas con su forma de construcción.
Los errores que ella ha tenido en los últimos tiempos dificultan que podamos hacer una coalición. Primero, porque ella ha despreciado a nuestro partido. Y también me parece errónea su actitud de renunciar a su banca; dice que no volverá al Congreso, que si pierde la elección no se vuelve a presentar, entonces ¿cómo hacer una coalición con alguien que está renunciando a la política?
Y ha pretendido construir una coalición cívica que la tiene a ella como la cabeza y el eje; eso debe hacerse de manera horizontal, participativa e igualitaria. Nadie quiere firmar un contrato de adhesión.
- ¿Cree que la dirigencia le está dando la espalda a los votantes y los afiliados?
Creo que si, y esto es lo que se termina de comprobar después en el momento que se vota.
- ¿Cómo se hace para romper con esos puntos del modelo económico que tanto critica?
Con una coalición que tenga más claridad y coherencia en lo que se piensa y lo que se quiere construir, y no con los que han sostenido el modelo. Las diferencias con Kirchner no empiezan cuando se va Lavagna.
A veces pregunto en las provincias del interior, que está tan mal por la falta de una ley de coparticipación, ¿la situación era mejor cuando estaba Lavagna? No. Él ha convalidado el sistema de concentración de recursos de manera poco transparente en manos del Poder Ejecutivo; lo hizo como ministro. Mandó al Congreso de la Nación presupuestos que impiden a las provincias acceder en forma igualitaria a la educación y a la salud. Y ha participado de otros hechos como el contrato de subsidios del Estado a la empresa Southern Winds, a través de LAFSA; el oxígeno económico a LAFSA, una empresa que no existe en realidad, que le daba varios millones de pesos todos los meses a Southern Winds para que contrabandeara droga a Europa, ¿y quién es el director de la empresa LAFSA?, el consuegro de Lavagna.
No renunció cuando se denunció la corrupción en la construcción de las cárceles, fue el vocero de la derogación de la ley de subversión económica, de la penalización de los delitos de vaciamiento de empresas y de bancos. Discrepamos en cosas muy profundas, justamente las que hacen que se pueda cambiar el modelo económico. Él envió el proyecto para que dejara de ser delito ese vaciamiento, que deja trabajadores en la calle.
La forma de construir un país más justo es, entre otras cosas, que el código penal mantenga la figura de delitos a los que vacían las empresas. Y por supuesto la distribución de la riqueza: aunque todos los candidatos hablan de redistribución, lo importante es discutir cómo se constituye la riqueza, por qué no se les saca a los que se debe, y el impuesto más importante que aporta al tesoro sigue siendo el IVA que lo pagan igual los que tienen que los que no tienen.
- La UCR fue considerada una herramienta de transformación con figuras como Alem o Yrigoyen, ¿cree que lo sigue siendo en la actualidad?
No. Creo que el partido como está, no lo es, pero no tengo duda que ese es el desafío: que el radicalismo recupere su capacidad transformadora. No sirve la política que le solo les conviene a los dirigentes para acceder a un cargo, sirve la política si tiene capacidad creadora y transformadora en beneficio de los sectores más perjudicados.
