La calma llegó cuando el imputado se sentó junto a sus abogados. Estaba con lentes negros y un sombrero del mismo tono. Abrió sus brazos en cruz, como crucificado, pero su actitud siempre fue de tranquilidad.
Mientras esperaba el ingreso de los jueces, «Pity» Álvarez tomó una birome negra y comenzó a escribir en una hoja en blanco.
El fiscal Sandro Abraldes entró y saludó a todos, inclusive al músico, que es juzgado por un delito cuya pena en expectativa va de 11 a 25 años de prisión, ya que el mínimo de un homicidio simple (8) aumenta al ser un caso agravado por el uso de arma de fuego.
Durante la lectura del delito que se lo acusa, Álvarez escuchó con su mirada fija en el sombrero, que a esa altura se lo había sacado y manipulaba sin detenerse.
«Le pido que esté atento durante la lectura de la imputación. Luego le daré a conocer sus derechos», le dijo el juez Groerner, presidente del Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 29 porteño.
El músico estuvo acompañado de su abogado oficial Javier Marino, de su prima, su pareja, amigos y de su manager. Solo cruzó palabras con ellos cuando ingresó y cuando se retiró.
Por el lado de la víctima estaba su última pareja y madre de su hija menor, Verónica Román. Los abogados Fernando Burlando y Fabián Améndola son parte de la querella.
Jacqueline Guzzardi, primera hija del «Gringo» Díaz, también asistió a la audiencia apertura del juicio por el homicidio de su padre.